domingo, 2 de agosto de 2009

2-8-09. Rascafría-Pto. Malagosto-Pto. Navafría

Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble.
Marguerite Yourcenar

Si tuviera que definir la ruta de hoy en pocas palabras, diría "im-precionante" y "¡buffff!. A priori, una ruta que asciende a 2.150 mts de altitud no presagia nada bueno. Y si añadimos la dificultad del terreno en algunos tramos y la longitud, tenemos todos los ingredientes para convertir la ruta en un pequeño calvario. También puede ser que ya no esté para estos trotes. Transcurre la ruta íntegramente por los montes Carpetanos, alineación montañosa que cierra el valle de Lozoya por el Norte. He iniciado la ruta en Rascafría.

¿La Paris-Roubaix?. No, Rascafría

Atravieso el pueblo en dirección norte, hacia el campo de fútbol, por unas preciosas calles adoquinadas. Tras atravesar un paso canadiense, comienza una pista en perfecto estado y con una pendiente suave. De vez en cuando, un claro en el espeso bosque permite una perspectiva de la altura ganada.

¿Donde están los gnomos?

Al fondo, Rascafría

A la salida de una curva he podido ver a un jabalí con cuatro o cinco jabatillos. Así, de forma cómoda voy acumulando kilómetros y altitud. De pronto, a través de un claro aparece ante mí la silueta inconfundible de Peñalara y el pico Claveles. Parece al alcance de la mano. Esta "autopista" acaba bruscamente en una curva a derechas, más a menos cuando desaparecen los árboles. Las piedras sueltas dificultan el pedaleo, pero de momento puedo continuar montado.

Autopista al cielo, con Peñalara al fondo

Se acabó lo bueno

Enseguida llego al puerto de Calderuelas, aunque no sé situarlo físicamente en ningún punto concreto de la ruta, ya que ni los mapas consultados ni el GPS me lo permiten. Tampoco sé si hay algún cartel que lo indique. Si así fuera, me lo he saltado. Al poco de donde se supone el puerto anterior, y tras un breve descenso, llego al puerto de Malagosto, uno de los objetivos del día. La verdad, llegar a un lugar mencionado en El Libro del Buen Amor del año 1.330 a mí me emociona, y más imaginarme al Arcipreste de Hita caminando por estos lares, que si ahora transmiten soledad, en el siglo XIV debían ser totalmente salvajes. Curioso fue el encuentro con la Chata, la portazguera del puerto:

Pasando una mañana por el puerto de Malagosto
salteome una serrana a la asomada del rostro:
"Fa de maja", dis', ¿donde andas, que buscas o que demandas
por aqueste puerto angosto?"

Díjele yo a la pregunta: "Vome facia Sotos albos"

Sigue el Arcipreste relatando sus desventuras con la Chata. Consigue de ella refugio, alimento y beneficiársela. Claro que, si fueran ciertos todos los lances amorosos que cuenta en su obra, resultaría ser el Arcipreste una especie de Nacho Vidal del siglo XIV.
Hasta ahora la ruta ha resultado cómoda y muy agradable. Paro un momento junto a la cruz de hierro de Juan Ruiz, a pocos metros del puerto, antes de afrontar la parte más dura de la jornada, una subida en la que, la fuerte pendiente y la piedra suelta me imposibilitan mantenerme sobre la bici. Toca patear. Llego así al punto más alto de la ruta, a 2.151 mts según el GPS. Durante varios kms, voy a transitar por encima de los 2.000 mts, lo que se nota en la fresca temperatura. Decido por tanto descender antes de parar a descansar.

La cruz de Juan Ruiz

Estoy ya a 2.000 mts. Y queda lo peor

El descenso lo realizo sobre la vertiente segoviana, al principio por una pista con mucha piedra suelta, donde me cruzo con el único ciclista que veo por estas alturas, y más tarde por una estupenda pista que me lleva hasta el cauce del río Cega. Cuando llego a un puente que me permite cambiar de vertiente, paro a descansar e inicio el ascenso a Navafría, junto al refugio de la Fragua. Veo en el Sigpac que la ladera por la que he descendido tiene el divertido nombre de Cuesta de Desgarra Rabos. ¡Toma ya con las toponimias!.
La subida a Navafría no es en principio muy dura, aunque tiene algunas rampas de cuidado. Pero dado que vengo de una altura considerable y tampoco he descendido tanto, tan solo me queda por salvar un desnivel de unos 250 mts. También es cierto que los km empiezan a pesar.

Subiendo a Navafría

Pero todo llega, si es necesario con el platillo y corono Navafría mientras un numeroso grupo de bikers han montado un chiringuito con mesa de camping, bebidas, frutas, etc... Eso es asistencia.
Aunque me consta que hay pistas para descender el puerto hacia la vertiente madrileña, me apetecía esta vez bajar por el perfecto asfalto de la carretera. Tampoco es que haya hecho ninguna locura, la máxima velocidad conseguida han sido 50 km/h. Rápidamente llego a Lozoya. Sigo por carretera hasta Pinilla del Valle. En este pueblo tomo un bonito camino que va uniendo los pueblos del valle. Atravieso así Alameda del Valle, Oteruelo y finalmente llego al punto de inicio, a Rascafría, muy cansado pero satisfecho por haber conseguido acabar esta preciosa ruta.
Compruebo en wikiloc los datos: 60,28 kms de longitud y un desnivel positivo acumulado de 1.472 mts. Absolutamente recomendable si no le asusta a uno la soledad y encontrase a kms de la civilización (y sin cobertura para el móvil).


domingo, 19 de julio de 2009

19-7-09. Alameda del Valle-Rascafría-La Morcuera

Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.
Mark Twain

El valle del Lozoya constituye una de las zonas naturales de más valor en la comunidad de Madrid. Dentro del término municipal de Rascafría, uno de los municipios que lo componen, está situado el Parque Natural de Peñalara, sí, el que lleva años esperando ser declarado Parque Nacional. A ver si un siglo de estos se consigue. Para los aficionados al MTB dispone de innumerables rutas. Pero también para el ciclista de carretera. En sus inmediaciones, puede disfrutar de los puertos de Cotos, Navafría, Canencia, Morcuera... La ruta de hoy la iniciamos en el pequeño pueblo de Alameda del Valle. Por una bonita y sombría pista, nos dirigimos a Oteruelo del Valle. A las 8 h, el termómetro marca solo 12 ºC. Las cerradas sombras del camino impiden que el sol nos caliente. En estos casos, lo mejor es aumentar el ritmo de pedaleo. Así, llegamos a Rascafría. A la salida de este pueblo, una especie de carril bici flanqueado por olmos y ocupado por peatones nos lleva hasta el monasterio del Paular. Este monasterio, inicialmente de la orden de los cartujos, fue mandado construir por el rey Juan I de Castilla en el año 1390. La vida religiosa se interrumpió en el año 1835, y no fue reanudada hasta 1954, cuando fue ofrecido por el dictador Franco a los monjes benedictinos. En la actualidad, está ocupado por una comunidad de monjes contemplativos de la congregación sublacense, quienes se encargan de su mantenimiento. Dispone también de hospedería y de tienda en la que se venden productos elaborados por los monjes.

Monasterio del Paular

Puente del Perdón

A la altura del monasterio, nos desviamos a la izquierda para atravesar el puente del Perdón, así denominado porque las autoridades locales tenían por costumbre efectuar los juicios junto al mismo. Los reos podían apelar la sentencia en el mismo puente y, si eran perdonados, se iban sanos y salvos. Aunque su aspecto actual data del siglo XVIII, hay constancia de su existencia desde principios del siglo XIV. Era el acceso principal hacia el molino de papel de los Batanes, de donde salió el papel en el que se imprimió la primera parte del Quijote. Nada más pasar el puente, nos encontramos con el área recreativa de las Presillas, una zona muy bien cuidada y preparada para el baño con las piscinas naturales que se forman en el cauce del río Aguilón.

Area recreativa de las Presillas


Subiendo hacia La Morcuera

Por la pista del GR10.1, en excelente estado, iniciamos la subida que nos llevará hasta el puerto de La Morcuera. No es una subida con grandes pendientes, salvo alguna rampa en su tramo final. Al principio atravesamos un espectacular robledal y en su parte más alta pinares de repoblación. Esta pista no llega hasta la misma cima del puerto, sino a la altura del refugio de la Morcuera, aproximadamente a 1 km de la cumbre en la vertiente de Rascafría. Aquí alcanzamos el punto más alto del día, a unos 1730 mts de altura. Tras un breve descanso, iniciamos el descenso por carretera. Enseguida la abandonamos a la derecha para proseguir por el GR10.1. Tras un breve ascenso, llegamos a un cruce. Si continuáramos por la derecha, siguiendo el GR, llegaríamos al puerto de Canencia. Esta es otra de las rutas por la zona que merecen la pena. Sin embargo, en esta ocasión tomamos la pista de la izquierda, que nos lleva al refugio de la Majada del Cojo. No he conseguido averiguar el origen de tan peculiar nombre.

Refugio de la Majada del Cojo

A pocos metros del refugio, una cerrada curva a izquierdas nos ofrece un mirador con unas espectaculares vistas de las montañas que por el norte cierran el valle de Lozoya. Al este, podemos contemplar la zona del puerto de Navafría y al oeste, el imponente pico de Peñalara, con algunos neveros que resisten las elevadas temperaturas del mes de Julio. A nuestros pies, los municipios de Alameda, Oteruelo y Rascafría aparecen perfectamente integrados en el entorno. Afortunadamente, aún no han sucumbido al hormigón desaforado.

Vista desde el mirador de la Majada del Cojo

Continuamos bajando y en pocos minutos nos encontramos de nuevo en el coche, aparcado esta vez junto a la iglesia de Alameda del Valle. No ha sido ésta una ruta que destaque por su longitud. Pero sus escasos 32 km nos han ofrecido algunos de los mejores paisajes que se pueden disfrutar en la comunidad de Madrid. Como siempre, he colgado la ruta en wikiloc.

domingo, 28 de junio de 2009

28-6-09. La Jarosa-Alto del León-Collado Mediano

Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.
Mario Benedetti

Hacía mucho tiempo que no me acercaba por la Jarosa. Y es una zona que merece la pena. Son innumerables las posibilidades que ofrece. Como además me he levantado con ganas de subir cuestas, he pensado enlazar dos subidas, la de la Jarosa y la del alto del León.


El embalse de la Jarosa con la cruz al fondo


He dejado el coche en Guadarrama. Tras un corto callejeo, inicio la ascensión hacia la presa. Esta primera parte es muy cómoda, una subida tendida con un asfalto perfecto. Después de pasar por delante del muro de hormigón de la presa, la carretera va bordeando el embalse hasta su cola, en medio de una frondosa vegetación. Como es muy pronto, todavía no hay domingueros en los chiringuitos. Solo observo a un grupo de cuatro personas que en la orilla están practicando tai-chi. Este tramo es totalmente llano, y así sigo hasta el final del embalse. Nada más pasar un chiringuito en el que el camarero se afana preparando las mesas y sillas, se inicia la parte más dura de la ascensión. Salvo algún pequeño descanso, ya no dejo de subir hasta llegar al alto de la Jarosa, a unos 1.440 mts de altura. Y tengo que salvar un tramo durísimo de unos 500 mts, digno de las mejores rampas de la Bola del Mundo. Hace muchos años, la primera vez que vinimos por aquí mi hermano y yo, recuerdo que tuvimos que echar pie a tierra en el mismo momento que nos adelantaba un chaval de forma inmisericorde. Iba casi esprintando el jodío. Ahora puedo subir sin bajarme de la bici, eso sí, sin muchas florituras. Y observo que según me voy acercando a la cruz del Valle de los Caídos, mi sufrimiento aumenta exponencialmente. ¿Por que será?.
Acabado este tramo, tras una curva a derechas, sigo subiendo, pero ya de una forma más suave, aunque en alguna otra cuesta me veo obligado a poner de nuevo el plato pequeño, más por mis limitaciones que por necesidades de la carretera.


La carreterita de la Jarosa

Ya en la cumbre, esperaba encontrar el cartel de madera diseñado y fabricado por el forero BuruM de www.altimetrias.com, quien se está tomando la molestia de colocar en algunos puertos unos carteles de madera con toda la información del puerto, como he tenido ocasión de comprobar en el vecino Abantos. Pero no sé si los forestales o algún gamberro lo han debido de quitar. Una pena no respetar semejante trabajo.
Inicio el corto descenso en el que escasamente pierdo 80 mts de altura, antes de desviarme a la izquierda por una pista en excelente estado para dirigirme al alto del León. En realidad, esta pista sale a la carretera, por llamarla de alguna forma, del Collado de la Mina. Este es, por tanto, el punto más alto de la ruta. A partir de aquí, ya en descenso llego rápidamente al alto del León. Aquí paro un rato a descansar, y mientras doy buena cuenta de las barritas, observo las impresionantes motos de los que dedican como yo las mañanas del domingo a pasearse sobre dos ruedas, pero eso sí, motorizados.

La subida al alto del León

Continúo la ruta descendiendo un tramo por carretera hasta desviarme a la izquierda y tomar el camino de la Molinera, que me llevará a Cercedilla. Aquí están en plena campaña maderera. Se amontonan los troncos de pino a los lados de la pista. Esperemos que dejen el monte limpio. En la época en que estamos, comenzando el verano, no parece muy prudente acumular montones de desmoches.

El camino de la Molinera

Una vez en Cercedilla, por carretera me dirijo hasta Collado Mediano, atravesando Los Molinos y el Alto de la Serranilla. Ya en Collado tomo la pista del yacimiento romano para, en rápido descenso, llegar a Alpedrete. Otro corto tramo de carretera y a continuación, una senda que me deja en el punto de inicio.
La ruta, colgada en wikiloc, ha resultado ser de 42 km de longitud y un desnivel positivo acumulado de 900 mts. No está mal.

domingo, 17 de mayo de 2009

17-5-09. Collado Mediano-Alpedrete-Moralzarzal-Manzanares

Nunca digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre.
Sabiduría popular

Realizamos esta ruta el día 1 después de Eurovisión. Soy persona de pocas aficiones, pero una de ellas es no ver jamás este festival. Creo que, en la actualidad, hay dos manifestaciones absolutamente horteras, rancias y casposas. Una es el susodicho festival. Otra es la colocación de pancartas en los puentes sobre las autovias con leyendas del tipo: "Manolo y Paquita se casan".
La ruta que hemos elegido para hoy no presenta especiales dificultades. Su longitud, 45 km, la hace idónea para acumular kilómetros sin más pretensiones, lo que nos viene bien después de un invierno muy duro en el que hemos salido poco con la bici. ¡Qué buena excusa!. Como muchas otras veces, iniciamos la ruta en Collado Mediano, y nos dirigimos hacia Alpedrete por la pista del yacimiento romano. Un ligero viento en contra nos hace esforzarnos más de lo que quisiéramos. Ya lo dice el refrán: en el ciclismo, todo da por culo menos el viento. Perdón por el inciso de mal gusto.



¡Que noooooooo, que no queremos compañía!

Cuando llegamos a la carretera de Guadarrama, giramos a la izquierda. Durante un corto tramo, rodaremos por asfalto, que tampoco está mal. Ya que nuestras familias, siempre velando por nuestra seguridad, no nos permiten practicar ciclismo de carretera, (lo de ciclismo de carretera es una redundancia, lo que hacemos nosotros es otra cosa), de vez en cuando aprovechamos el asfalto que se nos presenta para sacar a pasear al rodador holandés que llevamos dentro. Enseguida retomamos las pistas y senderos y atravesamos Collado Villalba para dirigirnos hacia Moralzarzal. Aquí, a la altura del camping iniciamos la única subida dura de la jornada, de las de meter molinillo, la que nos llevará hasta el mirador, que como siempre, nos regala unas espectaculares vistas.


Vistas desde el mirador de Moralzarzal




Tras un rápido descenso, giramos a la derecha y tomamos una amplia pista. Si continuáramos hasta el final, esta pista nos llevaría hasta el puente medieval en las inmediaciones de Colmenar Viejo. Pero no, unos kms antes, nos desviamos a la izquierda para acercarnos a Manzanares el Real. A partir de aquí, vamos a transitar durante varios kms por el camino de Santiago de Madrid, con sus flechitas y todo.
El embalse de Santillana presenta en esta ocasión un aspecto inmejorable, prácticamente lleno al 100% de su capacidad. Es curiosa su historia. Debe su nombre a D. Joaquín de Arteaga, marqués de Santillana y duque de Infantado, responsable de su construcción en 1907. La inauguración oficial tuvo como protagonista a Alfonso XIII, en 1908. Sin embargo, el embalse tal como lo conocemos hoy es más reciente, de 1971, año en el que se antepuso a la presa antigua una escollera recta que permitió duplicar su capacidad. De la antigua presa, emerge orgulloso en la actualidad el antiguo torreón de estilo gótico plateresco.
Paramos en la plaza de Manzanares a descansar y tomarnos un refrigerio. Como todos los domingos, y dada su condición de destino turístico, es un hervidero de gente.



El embalse, en todo su esplendor



La cola del embalse, con la sierra al fondo


Estamos entrando en Manzanares el Real

Tras el descanso, seguimos por el camino de Santiago. Pasamos delante de la entrada a la Pedriza. Los domingueros poco madrugadores, esperan delante de la barrera a que salga algún coche para poder entrar, dado que el cupo máximo se agota enseguida. El siguiente pueblo de la ruta es Matalpino. Un poco antes de llegar, abandonamos el camino de Santiago cruzando un puente a la izquierda sobre un arroyo. A partir de aquí, callejeamos por varias urbanizaciones antes de tomar de nuevo una pista que nos llevará hasta Becerril de la Sierra. En este tramo, contemplamos varios lagartos, alguno de considerable tamaño. Está llegando el buen tiempo.

Desde Becerril hasta Collado Mediano, circulamos por carretera, primero en suave ascenso hasta la urbanización Parquecollado y después en descenso. Damos así fin a la ruta de hoy.

Como siempre, he publicado el track en wikiloc.

domingo, 8 de marzo de 2009

8-3-09. Vuelta a la Sierra de la Cabrera

Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Oscar Wilde

Afortunadamente, todavía quedan rincones por descubrir en las montañas madrileñas. La Cabrera, en las estribaciones de la Cuerda Larga de Guadarrama, es una pequeña serranía de 4 km de longitud, y discurre de Este a Oeste. En su extremo oriental, se yergue el Pico de la Miel, de 1.392 mts de altitud, de verticales paredes y con muchas vías de escalada. No es por tanto, una sierra que destaque por su gran altura, pero sí por su belleza. Circulando por la A1 en dirección a Burgos, su silueta y sus formaciones rocosas son inconfundibles.

Está amaneciendo. Y al que madruga, Dios l'apoya

La ruta comienza en el pueblo de Navalafuente, en el aparcamiento situado en la entrada según se viene desde Guadalix de la Sierra. Prácticamente desde el inicio se comienza a ascender, al principio por una pista en buen estado. Salvo un pequeño tramo con mucha piedra suelta, seguimos así hasta llegar a Bustarviejo. A la vuelta de un recodo aparece el pueblo. Bueno, lo primero que aparece es un engendro de macrourbanización de chalets situada en la ladera de la montaña que daña la vista. El arquitecto que la diseñó, (y el alcalde, y el concejal de urbanismo...) o no se había tomado la medicación o, cuando en la escuela explicaron el concepto de "arquitectura integrada en el entorno", hizo pellas. Es verdaderamente monstruosa. Y resulta también difícil de entender a los "felices propietarios". ¿Qué aliciente encontrarán en una vivienda así?.

En dos palabras: ho-rroroso

Pero mejor seguir con la ruta. Afortunadamente, las vistas son espectaculares salvo en ese ángulo. El siguiente punto de destino es Valdemanco. Desde aquí, se inicia una subida constante que enseguida nos acerca hasta la cañada real segoviana. Da gusto transitar por ella. Sin dejarla en ningún momento, alcanzamos la cota más alta de la ruta, el Puerto del Medio Celemín, a 1.303 mts. de altura.

La Cañada Real Segoviana

Este alto toma su nombre del diezmo que el señor de Buitrago se cobraba como peaje por utilizar el paso. El monto era de medio celemín de grano (2,3 litros) por cada fanega (55,5 litros o 12 celemines) que los lugareños llevaban a moler a las aceñas (molinos de grano situados en los cauces de los ríos) del Lozoya. Ahora, afortunadamente, solo nos paramos en el alto para contemplar las espectaculares vistas que nos regala, aunque todo se andará y terminaremos pagando hasta por eso. Disfrutemos mientras podamos.
El tema éste de los peajes viene de muy antiguo. Ya lo contaba el Arcipreste de Hita. Día de San Meder de 1329: el Arcipreste, perdido en medio de la ventisca, se topa con la Chata, la portazguera de Malagosto, un puerto cercano a Rascafría: “Yo guardo el portadgo e el peaje cojo; / el que de grado me paga, non le fago enojo; / el que non quiere pagar, presto lo despojo”. Convincente la muchacha.
A partir de este momento, transitaremos por la cara norte de la Cabrera. Primero afrontamos una larga bajada hasta llegar al cruce con una carretera. Desde aquí, una vez abandonada la cañada real, alternamos pistas con senderos en un continuo rompepiernas. Lo más significativo es la cantidad de vadeos que nos encontramos. A pesar de empaparnos los pies con el agua helada, ¡qué gusto da ver tanta agua!. Por momentos, viendo tanta humedad y rodeados de robles, nos parece estar en latitudes más norteñas.

A veces no queda otra que vadear

Así, nos vamos acercando a la autovía de Burgos. Cuando llegamos a su altura, giramos bruscamente hacia el sur y nos encontramos con una subida imposible (imposible para mí, se entiende). Hala, a practicar empujabike. Entramos en el pueblo de La Cabrera, a los pies del pico de la Miel.

El Pico de la Miel

Aunque no se aprecia en la foto, había dos cordadas de escaladores colgadas de la pared. En el mundo de la escalada, esta zona está considerada como la hermana pequeña de la Pedriza, situada más al oeste y verdadero paraíso de las vías en roca.
Continuamos por carretera hasta Valdemanco. Durante un corto tramo, se pedalea junto a las vías del tren, antes de tomar un camino que nos llevará de nuevo al punto de inicio de la ruta. Aquí tenemos que sufrir de nuevo un fuerte descenso por una trialera en muy mal estado. Es lo único que no me ha gustado de esta ruta. El resto, dureza, desniveles y sobre todo paisajes, sobresalientes. Aquí, el track de la ruta.





domingo, 15 de febrero de 2009

15-2-09. La Navata-Colmenarejo-Valdemorillo

Los que saben hacer las cosas, las hacen; los que no saben, enseñan a hacerlas; los que no saben enseñar, enseñan a los que enseñan, y los que no saben enseñar a los que enseñan, se meten en política.
Muriel Barbery

Una de mis manías recurrentes cuando voy en bici (y creo que común a muchos ciclistas) consiste en ir tarareando mentalmente una canción, o mejor dicho, el estribillo de una canción. Es importante que la copla sea lo más absurda posible. Valen tanto el tractor amarillo como una de Village People. Es importante también que, aunque te sepas la letra, el tarareo no pase del "tiro riro tiro riro" y el "para bara para pa". Esto, repitiéndolo de forma machacona durante las tres hora
s de ruta. ¿Y para qué sirve?. Ni idea. Pero es algo totalmente ajeno a mi voluntad. El mecanismo se pone en marcha solo y va funcionando de forma autónoma. ¿Se sincronizan mis pedaladas al ritmo de la coplilla?. Qué más quisiera. Misterios de los seres humanos. O de las personas.


Aquí doy comienzo a mis rutas desde La Navata

El duro invierno nos ha concedido una tregua y un sol radiante me ha acompañado toda la mañana. Como no siempre se pu
ede disfrutar de una ruta pata negra, y tampoco tenía ganas de coger el coche, he diseñado una por los alrededores de mi casa. Tampoco desmerece en interés y me ha servido para afinar algo mi lamentable estado de forma. Como siempre en estos casos, elijo como punto de inicio la ermita de La Navata. A pesar de los años que llevo residiendo en la zona, ni la he visitado nunca ni sé como se llama. Voy a ir al infierno de cabeza. Pero he de reconocer que, como punto de referencia o de encuentro, cumple perfectamente su función.
Primero por una pista en buen estado y después por un senderillo, me encamino hacia la urbanización los Jarales en Torrelodones. Después, tomo la M-852 y tras atravesar la carretera de El Escorial, inicio el ascenso por pista hacia los Ranchos, ya en Colmenarejo. Callejeando un poco por zonas de chalets con muchos letreros de Se Vende, llego a la Universidad Carlos III. Aquí, de nuevo retomo una pista que en los mapas se denomina, con mucho optimismo, carretera de Villanueva del Pardillo.

Trialera puñetera

Enseguida la abandono para, hacia la derecha, iniciar el descenso al embalse de Aulencia. Ya cercano a él, el camino se torna en trialera impracticable para mis habilidades, por lo que echo pie a tierra. Aprovecho para ver con detalle la presa y hacer unas fotos. Veo un cartel con el aviso de "Prohibido el baño. Aguas cenagosas". Parece de película de terror de serie B, pero la realidad es mucho más prosaica. Este embalse se construyó en el año 1.945 y durante 30 años abasteció de agua a los pueblos de la sierra, hasta que la construcción en 1.975 del embalse de Valmayor unos kilómetros más arriba, lo condenó al olvido. A partir de ese momento, los lodos provenientes de la depuradora situada a los pies de Valmayor se han ido acumulando aquí, y el imponente muro no ha servido sino de contención para los desechos de dicha depuradora. Por ello, a pesar de la altura de la presa, la realidad es que en el embalse hay poco más de un metro de agua, ya que está totalmente colmatado de lodos. Obviamente, no es recomendable el baño. Y es una pena, porque el idílico entorno en que se sitúa, merecerían un mayor cuidado y limpieza. Asimismo, de las construcciones que, abandonadas, languidecen y amenazan ruina. Cuesta imaginar como sería aquí la vida de los que cuidaban de la presa, de las balsas de depuración, etc...Y en realidad, no hace tanto tiempo de ello. Eso sí, no conocerían el estrés.





































































Embalse de Aulencia

Este embalse lo hemos cruzado en varias ocasiones, con motivo de las marchas de Valdemorillo y Galapagar. Pero ahora han colocado al comienzo y final de la pasarela una barandilla que imposibilita pasar montado en la bici. Hay que pasar la bici por encima. Dado el número de bikers de estas marchas, el atasco que se forme puede ser monumental.
A partir de aquí, comienzo el ascenso hacia la urbanización Pino Alto, ya en Valdemorillo. Una vez en ella, sobre asfalto, me dirijo a la presa de Valmayor, que la atravieso y poco más adelante abandono la carretera para tomar una pista hasta la ermita de Colmenarejo, la cabecera de Valmayor y la urbanización los Arroyos. Siempre por pistas en buen estado, me cruzo con nuemerosos bikers y paseantes. El buen día invita a ello. También contemplo a los numerosos pescadores que se afanan por pillar algo en la orilla del embalse. Por cierto, nunca más se supo de aquella leyenda sobre un cocodrilo avistado por varios testigos en Valmayor. Lo más sorprendente en estos casos en la firmeza conque todos mantienen su postura. Es igual que cuando desaparece algún niño. De inmediato surjen honrados ciudadanos que afirman de forma contundente haberlo visto en los más peregrinos lugares. ¡Lo que hace la gente para salir en la tele!.
Bastante cansado ya, afronto los últimos kilómetros de la ruta por la zona del cementerio de Galapagar, desde donde asciendo hacia la subestación eléctrica y entro de nuevo en La Navata por el campo de tiro.
No ha estado mal. Han sido 39 km a la medida de mi actual estado de forma. Como casi siempre, he colgado el track de la ruta aquí, en wikiloc.




martes, 11 de noviembre de 2008

9-11-08. Hayedo de Tejera Negra por El Muyo

Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre.
Mark Twain


Cada día nos superamos. A costa de madrugones y pequeños viajes en coche, estamos descubriendo rutas y paisajes inimaginables. Como decía Antolín García cuando retransmitía la Vuelta: "¡qué bonita es España!". El menú de hoy se inciciaba en El Muyo. Y ustedes se preguntarán: ¿qué es El Muyo?. Me alegra que me hagan esa pregunta. Es una pequeña aldea de 10 habitantes (eso sí, con su propia casa rural), cercana a Riaza, a cuyo Ayuntamiento pertenece. Constituye uno de los ejemplos más significativos de los llamados "pueblos negros", lo cual no es un homenaje a Obama, sino que está relacionado con la pizarra que es la base de su arquitectura, tanto en muros como en tejados. El mismo pueblo se asienta sobre una veta de ese mineral. Curiosamente, la iglesia es el único edificio del pueblo que tiene la cubierta de teja cerámica de color rojo. La venerable institución, siempre dando la nota.

No es que haya poca luz, es que las casas son así de oscuras

Empezamos con 3 km en los que hay unas subidas durísimas, de las de apretar los dientes, meter plato pequeño y encomendarse a Dios y al diablo. De este tramo, lo más significativo son unos riscos desde los cuales nos contempla una pequeña colonia de buitres leonados. En su fuero interno, habrán pensado: ¿y nosotros somos los irracionales?. Además, dos de ellos nos reciben en plan exhibicionista, desplegando sus alas en toda su imponente envergadura. Queda claro quien manda ahí.

La típica foto valle-montaña

Una vez superado el duro trance, continuamos por un falso llano. El paisaje, de postal. A nuestra izquierda, el profundo valle del que se va levantando la niebla según avanza la mañana. Al frente, las cumbres nevadas del pico de la Buitrera, del alto del Cervunalillo (ahí es ná), y otras por encima de los dos mil metros. Embelesado por el paisaje, dejo de atender al GPS como debiera, me salto un desvío y esto nos supone un regalo de 6 km añadidos a la ruta. Pero no pasa nada, desfacemos el entuerto y comenzamos una bajada por una trialera técnica que nos lleva al aparcamiento situado en la entrada del hayedo. Eso sí, después de vadear un río típico de montaña y con una temperatura del agua ídem.

Imponentes perfiles. Todos

Aquí se produce la avería de la jornada. Pierdo el pasador de la maneta del freno delantero y me quedo solo con el trasero. Un poco desanimados ya, entre el despiste y la avería, prescindimos de recorrer el ramal que se interna en el hayedo. Lo dejamos para otra ocasión. Probablemente nos hayamos perdido lo mejor de la ruta, pero eso es una razón más para volver.
Continuamos por la carretera de Cantalojas, y antes de llegar a este pueblo, nos desviamos a la izquierda y paramos un momento a descansar antes de iniciar una larga y tendida subida por una magnífica pista. Aquí tengo ocasión de nuevo de comprobar mi lamentable estado de forma, y al cabo de unos kms me quedo descolgado. Ya vendrán tiempos mejores y bajará el euribor.

¿Esto lo cubrirá el seguro?

Al poco de empezar a bajar, retomamos la pista de inicio de la ruta, la de los riscos de los buitres. Afronto la bajada empinadísima con el freno trasero a tope. Llega un momento que las pastillas huelen a quemado, pero enseguida llegamos al pueblo y damos término a la ruta.
Dado que no la hemos completado, no guardo esta vez el track. De los 45 km previstos, hemos hecho 40, a una media bastante baja.




domingo, 26 de octubre de 2008

26-10-08. Cañón del Río Lobos

Debo confesar que nací a una edad muy temprana
Groucho Marx

¡Como no disfrutar de una ruta en la que la mayor dificultad consiste en encontrar el mejor ángulo fotográfico!. Aún así, dada mi inactividad, mis tres semanas sin tocar la bici, se me ha hecho un poco larga. Los 51 km me han pesado al final, pero han merecido la pena el madrugón y la ruta.
Tras dos horas de trayecto desde casa, hemos dejado el coche al inicio del cañón, en el aparcamiento del restaurante...¿como se llamaba?...eh...¡ah, sí!, Restaurante el Cañón. No cabe
mayor muestra de originalidad.

Se mire como se mire, espectacular

A las 8,30 h, la temperatura era de 0º. (Me niego a hacer el chiste fácil...). Los primeros km tienen un pequeño tramo de asfalto, y luego una buena pista hasta llegar al primer hito de la ruta: la ermita templaria de San Bartolomé. Conviene detenerse en ella. Se cree que se construyó entre los siglos XII y XIII. Su estilo corresponde a la época de transición entre el románico y el gótico. Así, su planta en cruz denota su origen románico, pero está revestida de ornamentos más propios del gótico. Lástima que no hayamos podido visitar el interior. Para los amantes de los elementos esotéricos, propios por otra parte de todo lo relacionado con la orden del Temple, resulta un filón. Para empezar, se dice que el lugar en que está ubicada es equidistante de los puntos más extremos por el Este y Oeste de la península ibérica, es decir, los cabos de Finisterre y Creus. Uno, escéptico por naturaleza, se ha tomado la molestia de comprobarlo con el Google Earth y me he llevado la sorpresa de verificar que es cierto, ya que la desviación es inferior al 0,5%, inapreciable por tanto. Así, es considerada un "Omphalos", un centro del mundo. Otra característica curiosa es que, en el exterior del ábside, se observa un crismón (símbolo tallado en piedra, formado por la superposición de una x y una p a la que se añaden otros elementos), que hace referencia a la cofradía francesa de los Hijos del Maestro Santiago, por lo que se cree que fueron sus constructores. Hay que tener en cuenta también que el Cañón del Río Lobos ha sido, a lo largo de los siglos, parte de uno de los miles de ramales del camino de Santiago, que más adelante enlazaban con el camino francés. Se cree por tanto, que la ermita junto con el cercano castillo de Ucero, eran lugares de iniciación esotérica para los miembros de la Orden. De todas formas, para los interesados en estos temas, que no es mi caso, internet es una fuente inagotable donde bucear en busca de misterios relacionados con esta ermita. A mí me satisface mucho más la contemplación de tamaña maravilla, tanto por sus características arquitectónicas como por el excepcional entorno en el que se sitúa.
































Abrumados por tanta belleza, continuamos con la ruta
. A partir de aquí, la pista se convierte en un sendero que nos obliga en varias ocasiones a vadear el río. Dado que lleva poca agua, y a pesar del intenso frío, optamos por cruzarlo aunque nos mojemos un poco. En todos los pasos, existe la opción de atravesarlo mediante unas piedras de gran tamaño colocadas para ese menester. Hemos comentado que en pleno invierno, y con más caudal, será inevitable hacerlo de esa manera, lo que puede resultar una pesadez, ya que supone llegar al río, bajarse de la bici, atravesar el puente de piedras, volver a montarse...Cuando esta operación se repite muchas veces, resulta pelín coñazo, que diría Rajoy.

Esto resiste cualquier burbuja inmobiliaria

Esta primera parte del cañón se acaba al llegar al puente de los siete ojos, en la carretera de Ucero a San Leonardo de Yagüe. Aquí, existe la opción de volver al punto de partida por la carretera, lo que nos daría una ruta de unos 30 km, o continuar por el cañón para recorrerlo en su totalidad, hasta llegar a Hontoria del Pinar. Efectivamente, ésta ha sido nuestra opción, faltaría más.
En este segundo tramo, el cauce del río estaba totalmente seco en todo su recorrido. Al parecer, no es exactamente así, sino que continúa por el subsuelo cuando el caudal es escaso, debido a la existencia de grutas y simas en la piedra caliza. Al poco de comenzar este tramo, nos vemos obligados a patear durante un corto trecho, lo que nos intranquiliza ante la gran demora que eso puede suponer. Pero resulta ser una falsa alarma, y a partir de ahí, el sendero resulta totalmente ciclable y muy divertido, a la medida para que mi hermano ponga a prueba sus dotes de rodador holandés y me lleve con la lengua fuera. Prácticamente coincide la salida del cañón con la llegada al pueblo de Hontoria del Pinar. Paramos a descansar junto a una antigua estación de tren abandonada, aunque parece que la han habilitado como albergue. Siempre da pena ver tanta vía ferroviaria en desuso. Y más en este caso, ya que forma parte del histórico trazado Santander-Mediterráneo. Resulta difícil entender que no se tenga en cuenta no ya la rentabilidad económica, sino la social. Pero claro, si se destinan todos los recursos a los AVEs y otras moderneces divinas de la muerte, poco queda para mejorar las comunicaciones de los pueblos del interior. ¿A quien le importa?.

Camino de San Leonardo de Yague

Retomamos la ruta precisamente por un camino paralelo al trazado ferroviario, en dirección a San Leonardo de Yagüe. Cuando llegamos a las cercanías de este pueblo, tomamos un pequeño tramo de carretera y de nuevo, nos desviamos por pistas, por los montes cercanos. Siempre en dirección E, nos dirigimos hacia Casarejos. Por estos montes, nos hemos cruzado con varios ejemplares de dos de las más representativas especies de la fauna ibérica: los cazadores y los buscadores de setas. Ya se sabe que los cazadores y los ciclistas de montaña no hacemos muy buenas migas, nos molestamos mutuamente. Pero ancha es Castilla, nunca mejor dicho, y con buena voluntad hay sitio para todos.

Un paso dificilillo

Al llegar a la altura de Casarejos, tornamos al sur y tras un pequeño tramo de asfalto, iniciamos un sendero por el arroyo Valderruedas, que desemboca de nuevo en el río Lobos. Nos preguntamos si este arroyo, ahora seco, llevará en algún momento un caudal importante. Porque si así fuera, sería el camino totalmente impracticable. Hay algún tramo en el que discurre encajonado entre paredes de roca, separadas no más de tres metros, ocupando el cauce del arroyo toda su anchura. Con un caudal importante de agua, el paso sería imposible. Ahora no es el caso, al contrario, resulta espectacular transitar por este sendero. Al final del mismo, llegamos de nuevo al cañón del río Lobos, muy cerca de la ermita, por lo que no nos queda sino desandar el camino para llegar al punto de inicio.


El primer tramo de esta ruta, es decir el recorrido íntegro del cañón hasta llegar a Hontoria, no tiene pérdida ya que está perfectamente señalizado en toda su extensión. Sin embargo, para el camino de vuelta se hace imprescindible el GPS. Aquí está el track.
Vale, sí, tengo que hacer de nuevo hincapié en que mi hermano me ha rematao. Se notan sus sesiones de gimnasio. En la próxima ruta en la que haya importantes desniveles, me tomaré la revancha.

miércoles, 8 de octubre de 2008

5-10-08. La Barranca

Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha.
Roberto Fontanarrosa

Cuando no tenemos ganas de estrujarnos las meninges buscando o diseñando una ruta nueva, la decisión es sencilla: vámonos pa la Barranca. Es un recorrido que, no siendo muy largo, tiene de todo: dureza, buenos paisajes y tramo de carretera para meter plato. Como siempre, salimos de Collado Mediano subiendo por las empinadas rampas del depósito de agua para dirigirnos al Reajo del Roble (esto es el nombre de una urbanización serrana, a saber su significado).


Bordeando el embalse de Navacerrada, con la Maliciosa al fondo

Esta vez, en vez de dirigirnos a Navacerrada pueblo, optamos por bordear el embalse. Vemos que los meses de verano han hecho mella en el volumen de agua embalsada. Al poco, atravesamos la carretera de Cerceda e iniciamos la subida, primero hasta el Hotel y posteriormente adentrándonos en el valle en medio de la frondosa vegetación. Nos sorprende la cantidad de senderistas con los que nos cruzamos, familias enteras dispuestas a pasar un día en el monte, Un par de ellos nos preguntan por el área recreativa recientemente abierta, con tirolinas y otras atracciones de ese tipo. Está situada una vez pasados los dos embalses, en la primera curva a izquierdas que nos encontramos. Aunque da la sensación que hoy está cerrada. Continuamos ascendiendo hasta llegar a la fuente, donde repostamos. A partir de aquí, y tras superar un falso llano, comienzan los dos últimos y durísimos kilómetros de la subida. No queda otra que meter plato pequeño y apretar los dientes. Observo sorprendido que mi hermano, el llaneador solitario, aguanta perfectamente mi ritmo, a pesar de la diferencia de peso entre los dos. Esto no es algo que mi amor propio pueda asumir fácilmente, por lo que, en el último tramo, esprinto y echo el bofe para distanciarle ligeramente. Después, en el tramo de carretera, se tomará cumplida venganza. Paramos como siempre un rato en el mirador de las Canchas. Tomamos las inevitables barritas (qué ganas tengo de llevarme un domingo un grasiento bocata de panceta).

En lo profundo del valle de la Barranca

Unas amables y bellas senderistas, nos preguntan por la posibilidad de bajar desde el mirador hacia el aparcamiento de la Barranca por el otro lado, o sea, el que se dirige a la carretera de Navacerrada. Les decimos que sí, que bajen por la pista y, a unos dos kms, en una cerrada curva a derechas,
tomen el camino Ortiz. Y que no se preocupen, que está señalizado con un cartel. Nosotros también bajamos por ahí y cuando llegamos a la curva, nos llevamos la desagradable sorpresa de comprobar que algún desaprensivo ha arrancado el cartel. Esperemos que las senderistas hayan sido capaces de encontrar el camino correcto. En principio, en los informativos no han dado noticias de dos chicas desaparecidas en la Barranca. Pero seguro que el desliz les ha servido para acordarse de toda nuestra familia. Disculpas.

Panorámica del mirador de Las Canchas

Cuando terminamos el descenso por la pista, cerca del Ventorrillo, tomamos la carretera, territorio champions de mi hermano. A duras penas consigo pillarle rueda. Menos mal que son pocos kms, hasta que volvemos sin mayor novedad al punto de inicio.
Aquí, la ruta en wikiloc.
Y
aquí, la contracrónica. Hay que ver...