martes, 11 de noviembre de 2008

9-11-08. Hayedo de Tejera Negra por El Muyo

Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre.
Mark Twain


Cada día nos superamos. A costa de madrugones y pequeños viajes en coche, estamos descubriendo rutas y paisajes inimaginables. Como decía Antolín García cuando retransmitía la Vuelta: "¡qué bonita es España!". El menú de hoy se inciciaba en El Muyo. Y ustedes se preguntarán: ¿qué es El Muyo?. Me alegra que me hagan esa pregunta. Es una pequeña aldea de 10 habitantes (eso sí, con su propia casa rural), cercana a Riaza, a cuyo Ayuntamiento pertenece. Constituye uno de los ejemplos más significativos de los llamados "pueblos negros", lo cual no es un homenaje a Obama, sino que está relacionado con la pizarra que es la base de su arquitectura, tanto en muros como en tejados. El mismo pueblo se asienta sobre una veta de ese mineral. Curiosamente, la iglesia es el único edificio del pueblo que tiene la cubierta de teja cerámica de color rojo. La venerable institución, siempre dando la nota.

No es que haya poca luz, es que las casas son así de oscuras

Empezamos con 3 km en los que hay unas subidas durísimas, de las de apretar los dientes, meter plato pequeño y encomendarse a Dios y al diablo. De este tramo, lo más significativo son unos riscos desde los cuales nos contempla una pequeña colonia de buitres leonados. En su fuero interno, habrán pensado: ¿y nosotros somos los irracionales?. Además, dos de ellos nos reciben en plan exhibicionista, desplegando sus alas en toda su imponente envergadura. Queda claro quien manda ahí.

La típica foto valle-montaña

Una vez superado el duro trance, continuamos por un falso llano. El paisaje, de postal. A nuestra izquierda, el profundo valle del que se va levantando la niebla según avanza la mañana. Al frente, las cumbres nevadas del pico de la Buitrera, del alto del Cervunalillo (ahí es ná), y otras por encima de los dos mil metros. Embelesado por el paisaje, dejo de atender al GPS como debiera, me salto un desvío y esto nos supone un regalo de 6 km añadidos a la ruta. Pero no pasa nada, desfacemos el entuerto y comenzamos una bajada por una trialera técnica que nos lleva al aparcamiento situado en la entrada del hayedo. Eso sí, después de vadear un río típico de montaña y con una temperatura del agua ídem.

Imponentes perfiles. Todos

Aquí se produce la avería de la jornada. Pierdo el pasador de la maneta del freno delantero y me quedo solo con el trasero. Un poco desanimados ya, entre el despiste y la avería, prescindimos de recorrer el ramal que se interna en el hayedo. Lo dejamos para otra ocasión. Probablemente nos hayamos perdido lo mejor de la ruta, pero eso es una razón más para volver.
Continuamos por la carretera de Cantalojas, y antes de llegar a este pueblo, nos desviamos a la izquierda y paramos un momento a descansar antes de iniciar una larga y tendida subida por una magnífica pista. Aquí tengo ocasión de nuevo de comprobar mi lamentable estado de forma, y al cabo de unos kms me quedo descolgado. Ya vendrán tiempos mejores y bajará el euribor.

¿Esto lo cubrirá el seguro?

Al poco de empezar a bajar, retomamos la pista de inicio de la ruta, la de los riscos de los buitres. Afronto la bajada empinadísima con el freno trasero a tope. Llega un momento que las pastillas huelen a quemado, pero enseguida llegamos al pueblo y damos término a la ruta.
Dado que no la hemos completado, no guardo esta vez el track. De los 45 km previstos, hemos hecho 40, a una media bastante baja.




domingo, 26 de octubre de 2008

26-10-08. Cañón del Río Lobos

Debo confesar que nací a una edad muy temprana
Groucho Marx

¡Como no disfrutar de una ruta en la que la mayor dificultad consiste en encontrar el mejor ángulo fotográfico!. Aún así, dada mi inactividad, mis tres semanas sin tocar la bici, se me ha hecho un poco larga. Los 51 km me han pesado al final, pero han merecido la pena el madrugón y la ruta.
Tras dos horas de trayecto desde casa, hemos dejado el coche al inicio del cañón, en el aparcamiento del restaurante...¿como se llamaba?...eh...¡ah, sí!, Restaurante el Cañón. No cabe
mayor muestra de originalidad.

Se mire como se mire, espectacular

A las 8,30 h, la temperatura era de 0º. (Me niego a hacer el chiste fácil...). Los primeros km tienen un pequeño tramo de asfalto, y luego una buena pista hasta llegar al primer hito de la ruta: la ermita templaria de San Bartolomé. Conviene detenerse en ella. Se cree que se construyó entre los siglos XII y XIII. Su estilo corresponde a la época de transición entre el románico y el gótico. Así, su planta en cruz denota su origen románico, pero está revestida de ornamentos más propios del gótico. Lástima que no hayamos podido visitar el interior. Para los amantes de los elementos esotéricos, propios por otra parte de todo lo relacionado con la orden del Temple, resulta un filón. Para empezar, se dice que el lugar en que está ubicada es equidistante de los puntos más extremos por el Este y Oeste de la península ibérica, es decir, los cabos de Finisterre y Creus. Uno, escéptico por naturaleza, se ha tomado la molestia de comprobarlo con el Google Earth y me he llevado la sorpresa de verificar que es cierto, ya que la desviación es inferior al 0,5%, inapreciable por tanto. Así, es considerada un "Omphalos", un centro del mundo. Otra característica curiosa es que, en el exterior del ábside, se observa un crismón (símbolo tallado en piedra, formado por la superposición de una x y una p a la que se añaden otros elementos), que hace referencia a la cofradía francesa de los Hijos del Maestro Santiago, por lo que se cree que fueron sus constructores. Hay que tener en cuenta también que el Cañón del Río Lobos ha sido, a lo largo de los siglos, parte de uno de los miles de ramales del camino de Santiago, que más adelante enlazaban con el camino francés. Se cree por tanto, que la ermita junto con el cercano castillo de Ucero, eran lugares de iniciación esotérica para los miembros de la Orden. De todas formas, para los interesados en estos temas, que no es mi caso, internet es una fuente inagotable donde bucear en busca de misterios relacionados con esta ermita. A mí me satisface mucho más la contemplación de tamaña maravilla, tanto por sus características arquitectónicas como por el excepcional entorno en el que se sitúa.
































Abrumados por tanta belleza, continuamos con la ruta
. A partir de aquí, la pista se convierte en un sendero que nos obliga en varias ocasiones a vadear el río. Dado que lleva poca agua, y a pesar del intenso frío, optamos por cruzarlo aunque nos mojemos un poco. En todos los pasos, existe la opción de atravesarlo mediante unas piedras de gran tamaño colocadas para ese menester. Hemos comentado que en pleno invierno, y con más caudal, será inevitable hacerlo de esa manera, lo que puede resultar una pesadez, ya que supone llegar al río, bajarse de la bici, atravesar el puente de piedras, volver a montarse...Cuando esta operación se repite muchas veces, resulta pelín coñazo, que diría Rajoy.

Esto resiste cualquier burbuja inmobiliaria

Esta primera parte del cañón se acaba al llegar al puente de los siete ojos, en la carretera de Ucero a San Leonardo de Yagüe. Aquí, existe la opción de volver al punto de partida por la carretera, lo que nos daría una ruta de unos 30 km, o continuar por el cañón para recorrerlo en su totalidad, hasta llegar a Hontoria del Pinar. Efectivamente, ésta ha sido nuestra opción, faltaría más.
En este segundo tramo, el cauce del río estaba totalmente seco en todo su recorrido. Al parecer, no es exactamente así, sino que continúa por el subsuelo cuando el caudal es escaso, debido a la existencia de grutas y simas en la piedra caliza. Al poco de comenzar este tramo, nos vemos obligados a patear durante un corto trecho, lo que nos intranquiliza ante la gran demora que eso puede suponer. Pero resulta ser una falsa alarma, y a partir de ahí, el sendero resulta totalmente ciclable y muy divertido, a la medida para que mi hermano ponga a prueba sus dotes de rodador holandés y me lleve con la lengua fuera. Prácticamente coincide la salida del cañón con la llegada al pueblo de Hontoria del Pinar. Paramos a descansar junto a una antigua estación de tren abandonada, aunque parece que la han habilitado como albergue. Siempre da pena ver tanta vía ferroviaria en desuso. Y más en este caso, ya que forma parte del histórico trazado Santander-Mediterráneo. Resulta difícil entender que no se tenga en cuenta no ya la rentabilidad económica, sino la social. Pero claro, si se destinan todos los recursos a los AVEs y otras moderneces divinas de la muerte, poco queda para mejorar las comunicaciones de los pueblos del interior. ¿A quien le importa?.

Camino de San Leonardo de Yague

Retomamos la ruta precisamente por un camino paralelo al trazado ferroviario, en dirección a San Leonardo de Yagüe. Cuando llegamos a las cercanías de este pueblo, tomamos un pequeño tramo de carretera y de nuevo, nos desviamos por pistas, por los montes cercanos. Siempre en dirección E, nos dirigimos hacia Casarejos. Por estos montes, nos hemos cruzado con varios ejemplares de dos de las más representativas especies de la fauna ibérica: los cazadores y los buscadores de setas. Ya se sabe que los cazadores y los ciclistas de montaña no hacemos muy buenas migas, nos molestamos mutuamente. Pero ancha es Castilla, nunca mejor dicho, y con buena voluntad hay sitio para todos.

Un paso dificilillo

Al llegar a la altura de Casarejos, tornamos al sur y tras un pequeño tramo de asfalto, iniciamos un sendero por el arroyo Valderruedas, que desemboca de nuevo en el río Lobos. Nos preguntamos si este arroyo, ahora seco, llevará en algún momento un caudal importante. Porque si así fuera, sería el camino totalmente impracticable. Hay algún tramo en el que discurre encajonado entre paredes de roca, separadas no más de tres metros, ocupando el cauce del arroyo toda su anchura. Con un caudal importante de agua, el paso sería imposible. Ahora no es el caso, al contrario, resulta espectacular transitar por este sendero. Al final del mismo, llegamos de nuevo al cañón del río Lobos, muy cerca de la ermita, por lo que no nos queda sino desandar el camino para llegar al punto de inicio.


El primer tramo de esta ruta, es decir el recorrido íntegro del cañón hasta llegar a Hontoria, no tiene pérdida ya que está perfectamente señalizado en toda su extensión. Sin embargo, para el camino de vuelta se hace imprescindible el GPS. Aquí está el track.
Vale, sí, tengo que hacer de nuevo hincapié en que mi hermano me ha rematao. Se notan sus sesiones de gimnasio. En la próxima ruta en la que haya importantes desniveles, me tomaré la revancha.

miércoles, 8 de octubre de 2008

5-10-08. La Barranca

Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha.
Roberto Fontanarrosa

Cuando no tenemos ganas de estrujarnos las meninges buscando o diseñando una ruta nueva, la decisión es sencilla: vámonos pa la Barranca. Es un recorrido que, no siendo muy largo, tiene de todo: dureza, buenos paisajes y tramo de carretera para meter plato. Como siempre, salimos de Collado Mediano subiendo por las empinadas rampas del depósito de agua para dirigirnos al Reajo del Roble (esto es el nombre de una urbanización serrana, a saber su significado).


Bordeando el embalse de Navacerrada, con la Maliciosa al fondo

Esta vez, en vez de dirigirnos a Navacerrada pueblo, optamos por bordear el embalse. Vemos que los meses de verano han hecho mella en el volumen de agua embalsada. Al poco, atravesamos la carretera de Cerceda e iniciamos la subida, primero hasta el Hotel y posteriormente adentrándonos en el valle en medio de la frondosa vegetación. Nos sorprende la cantidad de senderistas con los que nos cruzamos, familias enteras dispuestas a pasar un día en el monte, Un par de ellos nos preguntan por el área recreativa recientemente abierta, con tirolinas y otras atracciones de ese tipo. Está situada una vez pasados los dos embalses, en la primera curva a izquierdas que nos encontramos. Aunque da la sensación que hoy está cerrada. Continuamos ascendiendo hasta llegar a la fuente, donde repostamos. A partir de aquí, y tras superar un falso llano, comienzan los dos últimos y durísimos kilómetros de la subida. No queda otra que meter plato pequeño y apretar los dientes. Observo sorprendido que mi hermano, el llaneador solitario, aguanta perfectamente mi ritmo, a pesar de la diferencia de peso entre los dos. Esto no es algo que mi amor propio pueda asumir fácilmente, por lo que, en el último tramo, esprinto y echo el bofe para distanciarle ligeramente. Después, en el tramo de carretera, se tomará cumplida venganza. Paramos como siempre un rato en el mirador de las Canchas. Tomamos las inevitables barritas (qué ganas tengo de llevarme un domingo un grasiento bocata de panceta).

En lo profundo del valle de la Barranca

Unas amables y bellas senderistas, nos preguntan por la posibilidad de bajar desde el mirador hacia el aparcamiento de la Barranca por el otro lado, o sea, el que se dirige a la carretera de Navacerrada. Les decimos que sí, que bajen por la pista y, a unos dos kms, en una cerrada curva a derechas,
tomen el camino Ortiz. Y que no se preocupen, que está señalizado con un cartel. Nosotros también bajamos por ahí y cuando llegamos a la curva, nos llevamos la desagradable sorpresa de comprobar que algún desaprensivo ha arrancado el cartel. Esperemos que las senderistas hayan sido capaces de encontrar el camino correcto. En principio, en los informativos no han dado noticias de dos chicas desaparecidas en la Barranca. Pero seguro que el desliz les ha servido para acordarse de toda nuestra familia. Disculpas.

Panorámica del mirador de Las Canchas

Cuando terminamos el descenso por la pista, cerca del Ventorrillo, tomamos la carretera, territorio champions de mi hermano. A duras penas consigo pillarle rueda. Menos mal que son pocos kms, hasta que volvemos sin mayor novedad al punto de inicio.
Aquí, la ruta en wikiloc.
Y
aquí, la contracrónica. Hay que ver...

domingo, 7 de septiembre de 2008

7-9-08. Collado Mediano-Bola del Mundo

Cada uno de nosotros tiene un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre.
Jean Anouilh

Es una tradición para nosotros subir todos los años, por lo menos una vez, a la Bola del Mundo. Obviamente, intentamos variar las rutas, aunque los últimos tres km desde el puerto de Navacerrada son invariables. En esta ocasión, optamos por iniciar la ruta desde Collado Mediano por carretera. Nos dirigimos a Los Molinos por el alto de la Serranilla. Este alto se suele subir varias veces en la clásica a los Puertos. Con la generosidad que caracteriza a los organizadores de carreras en este país, está catalogado como de 3ª categoría, cuando denominarlo tachuela ya supone exagerar su dureza. Una vez en este pueblo, tomamos dirección Navacerrada y, en el cruce con la carretera del puerto, a la altura de la Fonda Real, nos desviamos para coger el camino del Calvario.

Pinchazos, malditos pinchazos.

También podría llamarse del Apocalipsis, del Infierno, de la ira de Dios,..., o con cualquiera de esos epítetos tan positivos y agradables que abundan en la Biblia. Es como todo, con la práctica se le va cogiendo el puntito a la subida y juro que llegará el día en que no ponga pie a tierra ni una sola vez. Eso sí, cuando se llega a la zona de la estación de Navacerrada y se pisa asfalto, ¡cómo se agradece!. Aquí hemos tenido una de las anécdotas de la jornada. En el stop para coger la carretera del puerto, mi hermano no ha soltado a tiempo el pie del pedal automático y se ha caído cuan largo es. Típica caída para colgarla en youtube. Y no se le han acabado aquí las desgracias. Justo antes de coronar el puerto, ha pinchado. El tiempo empleado en cambiar de cámara nos ha servido para echarnos unas risas y descansar antes de afrontar la dura subida final. Se inicia ésta bordeando por la izquierda el edificio del telesilla, y ante nosotros aparece el primer rampón con una pendiente de dos dígitos. Menos mal que el firme es de hormigón y permite que las ruedas agarren bien. El que no se consuela es porque no quiere. Aquí no vale eso de que vamos ganando altura paulatinamente. No, aquí ganamos altura como si estuviéramos trepando por un andamio. Después de esa primera rampa bestial, llega una zona de descanso (de descanso, dice el jodío). En esta ocasión, hemos compartido la subida con muchísimos montañeros. Y nunca mejor dicho lo de compartir, pues íbamos prácticamente a la par. Cuando se remonta el collado que nos regala unas vistas espectaculares del valle de la Barranca (veo en el sigpac que se llama Ventisquero de la Estrada), comienza la parte más dura de la ascensión, primero con una serie de zetas enlazadas y después con una recta empinadísima. Aquí los globeros nos limitamos a ir a la mínima velocidad que nos permita no caernos de la bici. Hay quien no, hay quien se sube ésto casi esprintando. No tiene que ser bueno para el organismo semejante esfuerzo. Viene después de este tramo un pequeño descanso al llegar al telesilla.

Último esfuerzo de mi hermano en un marco incomparable, que diría el cursi.

Pequeño quiere decir eso, pequeño, no más de 50 mts para recuperar el resuello. Con el objetivo casi al alcance de la mano, afrontamos la última subida que nos sigue haciendo sufrir. Si miramos al frente, vemos ahí mismo los edificios pero no terminan de llegar. Si miramos al suelo, nos da tiempo a contar las rayas del hormigón. ¡Vamos, un último esfuerzo!. Ahí está, lo hemos conseguido. Desde el año pasado, han vallado el recinto, por lo que no se puede llegar hasta los mismos edificios. Todo el mundo opta por rodear el recinto hacia el sur, donde se disfrutan las mejores vistas. Ya se sabe que el ser humano es un animal de costumbres. Cada vez que llegamos aquí, hacemos los mismos comentarios: "¡qué maravilla!," "ésta vez he subido bien", "¡cómo molaría que llegara aquí una etapa de la Vuelta!", "algún día tenemos que bajar desde aquí al collado de los Pastores, en la Pedriza". Y por supuesto: ¡hace un frío del carajo!. Después de la fotos y barritas de rigor, iniciamos el descenso. De nuevo, nos cruzamos con numerosos montañeros y sobre todo, con muchísimos ciclistas, algunos de los cuales han echado pie a tierra incapaces de superar la dureza. Esto, para qué negarlo, nos reconforta. Nos demuestra que hay algunos ciclistas, pocos eso sí, más globeros aún que nosotros.
¿Alguien lo dudaba?

Una vez en el puerto, paramos un momento para comprar unos Aquarius y, dado que se nos ha hecho bastante tarde, optamos por bajar por carretera. No es una opción que nos agrade mucho. Primero por el peligro que supone, en una carretera con tanto tráfico, y segundo porque con las velocidades que se alcanzan, la sensación de frío es muy acusada.

El algodón no engaña. Altitud: 2.255 mts

Cuando llegamos a Navacerrada pueblo, paramos un momento a ver la competición de descenso que se está disputando, del Open de Madrid. Después, continuamos bajando y a la altura de la Urbanización la Serranía de la Paloma, dejamos la carretera y tomamos una pista que nos lleva rápidamente al punto de inicio, en Collado Mediano.
Al final han salido 42,50 kmo. Como casi siempre, he colgado la ruta aquí, en wikiloc.

domingo, 24 de agosto de 2008

24-8-08. Navacerrada-El Calvario-Camino de la Tubería

Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
León Tolstoi

A pesar de mi aversión por las trialeras (más bien odio), hoy me he marcado una ruta por la zona del puerto de Navacerrada, incluyendo una bajada por el famoso camino de la tubería, que desemboca en el mirador de las Canchas del valle de la Barranca. Leyendo los foros de mountain bike, se comprueba que más de uno alcanza el orgasmo con esta bajada. Ya lo dijo el torero, hay gente pa tó. En mi caso, la he bajado en dos ocasiones y siempre me hago el firme propósito de no repetir. No hay problema, volveré a tropezar en la misma piedra. Creo también que debe ser una cuestión de edad. Con los años, uno se vuelve más prudente. Perdón, quería decir más torpe.
La ruta la he iniciado en Navacerrada pueblo, en la rotonda donde se inicia la pista que va a la Barranca. Los primeros 1.500 mts los realizo por la carretera M-607, en suave subida hasta llegar a la fonda Real. Aquí, tomo el desvío hacia el embalse de Navalme
dio y en sus primeros metros abandono la carretera para coger la pista que sale a la derecha. Esta pista evita bajar hacia el embalse, y se retoma el camino del Calvario un poco más adelante. Tampoco se ahorra gran cosa, y por supuesto ninguno de sus tramos más duros. Como siempre, sigo pasando dificultades en las pendientes más empinadas y con piedra suelta. Me resulta inevitable echar pie a tierra en algún punto en el que pierdo la tracción. Pero no hay cuesta invencible y sin más novedad corono el puerto. Aquí, esperaba encontrar mucha gente ya que hoy pasaba la clásica ciclista a los Puertos. Pero nada de nada, los mismos montañeros de todos los domingos, los inevitables moteros y ni un solo ciclista. Tan solo unas vallas publicitarias delataban el paso de la carrera. Es cierto que era muy pronto, pero también es verdad que, en lo que a aficionados se refiere, entre unos y otros se están cargando el ciclismo. Los directamente implicados, corredores, directores, etc..., se quejarán después de la falta de patrocinadores. Y lo que es peor, se quejarán de la falta de apoyos por parte de los estamentos oficiales. Sin entrar en muchas honduras, se hace difícil explicar a los ciudadanos que el estado financia un deporte en el que el dopaje está generalizado. Esta es la percepción más habitual. Y tampoco los ciclistas hacen mucho por desmentirlo. Al contrario que en otros países, se echa de menos corredores valientes que asuman sus errores y colaboren para erradicar esta lacra. Aquí, lo habitual es echar la culpa al empedrado. Cualquier día, van a pillar a un ciclista español con la jeringuilla en el brazo y dirá que es diabético desde hace media hora. Y después, pronunciará la frase mítica: "voy a luchar por demostrar mi inocencia". El día que explicaron en el colegio el concepto de autocrítica, los ciclistas españoles hicieron pellas.

El mirador de las Canchas

Una vez coronado el puerto, hay que seguir ascendiendo. Se toma la carreterilla que sube hacia la bola del mundo y se bordea el edificio del telesilla por la derecha (por la izquierda iríamos hacia la bola). El camino de las cabrillas (PR-17), nos lleva hasta un collado en el que se incia el descenso por el camino de la tubería. El primer tramo, hasta la curva de 180º a derechas, a mí me resulta totalmente inciclable. A partir de aquí, se alternan tramos cómodos con pasos de echar pie a tierra. Llegando ya al mirador de las Canchas, el sendero se suaviza y disfruto del descenso en medio de un espeso bosque. Ya en la pista, inicio una rápida bajada que me llevará a la zona del hotel. Nada más pasar los aparcamientos, cojo la pista de la izquierda. Casi al término de la misma, dado que me encuentro con fuerzas y tampoco he hecho tantos kms, vuelvo a desviarme a la izquierda en un giro de casi 180º e inicio el ascenso hacia el embalse de la Maliciosa.

Aquí se inicia el descenso de la Maliciosa

Hay que decir que esta vertiente es bastante suave y llevadera. Nada que ver con la otra vertiente, la que sube desde la urbanización Vista Real. Es sin duda alguna una de las más duras subidas de toda la sierra. Es la primera vez que bajo por este lado, y viendo la pendiente desde esta perspectiva, me sorprende que haya sido capaz de subir varias veces por ahí. Cuando acabo el descenso, me incorporo a la pista que forma parte del camino de Santiago desde Madrid. Siguiendo las flechas amarillas, llego hasta casi Navacerrada pueblo. Otro pequeño desvío más para pillar camino de tierra y llego sin más novedad al coche.
El GPS marca 33 km. Os podéis descargar la ruta aquí.

domingo, 10 de agosto de 2008

10-8-08. Collado Mediano-Silla de Felipe II

Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.
Miguel Delibes


Circunstancias adversas me han impedido durante casi dos meses disfrutar de dos de mis aficiones: el ciclismo y este blog. No resueltos aún todos los problemas, me he tomado un respiro y, junto con mi hermano, hemos realizado una ruta para comprobar nuestro penoso estado de forma. Y no es retórica, realmente hemos acabado agotados, tanto por la excesiva longitud de la ruta, dadas nuestras posibilidades, como por el intenso calor, a pesar de haber iniciado la ruta a las 7,30 h. Pensábamos en una ruta a poder ser con pocos desniveles. Para la primera parte, digamos la ida, he tomado prestado el track de un post de foromtb denominado "La ruta de las estrellas", que describe una vuelta a la comunidad de Madrid ajustándose al máximo a su perímetro.
Como en muchas ocasiones, iniciamos la ruta en Collado Mediano. La primera parte es muy cómoda, bajamos por el camino del yacimiento romano hasta Alpedrete. Al llegar a la carretera giramos a la derecha en dirección Guadarrama, a dond
e llegamos a través de la vereda del Molino. Entramos en este pueblo por la rotonda del restaurante Sala (buenas gambas, lo dejaremos para otro momento). A partir de aquí, tomamos la carretera en dirección El Escorial. Una vez pasado el cruce del Valle de los Caídos, debíamos tomar el camino de la finca el Campillo, pero vemos que está cerrado el acceso a cal y canto. No es cuestión de ir invadiendo fincas, así que optamos por continuar unos pocos metros más por carretera, hasta el desvío del camping. Bordeamos éste, retomamos el track y , a través de la llamada "colada del camino de Villalba", llegamos hasta la rotonda del hospital. De nuevo llegamos a la carretera, para atravesar El Escorial hasta llegar al desvío de Robledo de Chavela.
Último esfuerzo en la Silla de Felipe II. ¡Qué belleza!, (el paisaje, no mi hermano). Bueno, vale, mi hermano también.

A partir de este punto, todo el trayecto es en ascenso hasta llegar a la Silla. Paramos aquí para reponer fuerzas y deleitarnos con las vistas. Por un momen
to, nos sentimos como el monarca cuando, desde este punto, vigilaba los progresos de la obra del monasterio. Pero todavía nos quedan muchos km por hacer, así que retomamos la ruta y nos encaminamos por una pista muy divertida hacia Zarzalejo. Llegamos a la carretera a la altura del barrio de la estación de este municipio. Giramos a la izquierda y en rápido descenso, alcanzamos el pueblo de Peralejo. De nuevo abandonamos la carretera y, una vez atravesado el pueblo, tomamos un camino que nos llevará, bordeando la urbanización Pinosol, de nuevo a las inmediaciones de El Escorial, cerca de Prado Nuevo. Sí, la finca en la que dicen que se aparece la virgen. Según algunos feligreses, cuando miran al sol ven a la virgen. Hombre, si alguien mira al sol, pueden pasar dos cosas, que pierda la vista o que, efectivamente, vea a la virgen y toda su corte celestial. Un caso como éste, tan aparentemente absurdo, se convierte en una buena oportunidad para practicar la tolerancia.

Camino de la Silla a Zarzalejo

Ya de vuelta al punto de inicio, tomamos el camino de las cancelas hasta la urbanización los Arroyos. La atravesamos por las pistas que seguimos en la marcha de los embalses de Galapagar, hasta llegar a la puerta verde y seguidamente a la ermita. Aquí, en vez de girar a la derecha hacia el Guijo, seguimos de frente hacia la colonia España y llegamos a Collado Villalba a la altura del polígono industrial P-29. Por cierto, al pasar por el pueblo abandonado de Navalquejigo, tomado de nuevo por los okupas, nos hemos cruzado con un hippie que se dedicaba a la divertida actividad de pasearse totalmente desnudo. Como único accesorio, portaba un botellín. Y no parecía el típico caso en el que el encarecimiento de la hipoteca le ha dejado litelamente en cueros.
Por la carretera de Guadarrama, nada más atravesar el puente del Herreño nos desviamos a la derecha para atravesar Los Negrales y tomar la carretera de Alpedrete a la altura del centro comercial Planetocio (¿o era Paletocio?). Para no repetir el camino de vuelta, en Alpedrete nos dirigimos a la zona de las Cerquillas de donde parte un sendero que nos lleva a la pista del yacimiento romano de Collado Mediano. A partir de aquí, repetimos el camino de ida, con alguna ligera variante, y sin más incidencias llegamos al punto de inicio.
Al final, nos han salido poco más de 63 km, sin grandes dificultades, pero como decía, la falta de entrenamiento y el calor han hecho mella. Hemos llegado literalmente rotos.
Edito para una pequeña rectificación, exigida por mi hermano: efectivamente, yo llegué destrozado. Él, solamente "cansado", y me tuvo que esperar. Al César lo que es del César.

Puedes descargar la ruta aquí en wikiloc.

domingo, 18 de mayo de 2008

18-5-08. La Pedriza bajo la lluvia

Un optimista es el que cree que todo tiene arreglo. Un pesimista es el que piensa lo mismo, pero sabe que nadie va a intentarlo.
Jaume Perich

En una época como ésta, de pertinaz sequía según las sabias y doctas autoridades competentes, he salido a pedalear por enésima vez bajo una manta de agua. Mala suerte que tiene uno. Y para terminar de poner a prueba mi componente masoquista, me he acercado a La Pedriza, con ascensión a La Nava (1.960 mts) incluida. A las 8,30h de la mañana, mientras montaba la bici en el aparcamiento de Canto Cochino, los pocos montañeros que deambulaban por allí me miraban con cara de "¿ande va éste?". Me he quedado con las ganas de confirmarles sus sospechas: sí, soy freaki porque el mundo me ha hecho así. Nada más salir del aparcamiento me cae la prime
ra chupa de agua, que no me dejará hasta llegar a la buitrera. Aquí, he dudado si subir o no a La Nava, pero como la lluvia parecía que daba una tregua, he optado por intentarlo. Tras casi 6 km de ascensión, he llegado y como siempre, me he deleitado con las espectaculares vistas. Hoy, además, debía ser el día de la fauna nacional. Primero he visto dos tímidos corzos en el bosque, subiendo hacia la buitrera. Camino de La Nava, me he encontrado con un rebaño de cabras montesas descansando tranquilamente en el mismo camino. Me han dejado acercarme lo suficiente para hacerles fotos. La población actual de las cabras, cifrada en unos 800 ejemplares, es fruto de una reintroducción efectuada en los años 90 con animales procedentes de Gredos y las Batuecas. Por lo visto, este año el gobierno regional está planteándose declarar la especie como cinegética, ante lo que considera sobrepoblación de ejemplares. Parece que no puede haber otras alternativas, como traslados de ejemplares a otras zonas o reintroducción de depredadores (¿el lobo?). Para terminar con el desfile de fauna, bajando La Nava se me ha cruzado un zorro que debía sufrir de obesidad, porque nunca había visto uno de ese tamaño. Obviamente, no me ha dejado hacerle fotos. Tanto en este tramo como en el que va de la buitrera al collado de los Pastores me he cruzado con ciclistas. Y más sorprendente aún, al poco de comenzar a bajar me he cruzado con un tío que subía hasta La Nava ¡corriendo!. Un verdadero crack. En el collado de los Pastores he parado un rato para descansar. Y justo cuando he iniciado el descenso hacia Canto Cochino, ha comenzado de nuevo a jarrear. Ya no me ha abandonado la lluvia hasta que he llegado al coche. La jornada de hoy me ha recordado a otra con la misma ruta y las mismas circunstancias. Fue el día de la boda del príncipe. Me hice el firme propósito de ser uno de los pocos españoles que no iban a ver en directo el enlace. Aquel día, como hoy, terminé calado hasta los huesos. La lástima fue que llegué a casa y todavía no habían terminado todos los actos de la ceremonia. ¡Qué pesadez!.
Como resumen, 41 km de puro mountain bike. La Pedriza nunca defrauda.

domingo, 4 de mayo de 2008

4-5-08. Abantos. Cueva Valiente

El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que él predijo.
Winston Churchill

Hoy me propongo enlazar dos duras subidas. Primero, el conocido alto de Abantos, tantas veces recorrido en la Vuelta Ciclista a España, y a continuación la subida al pico de Cueva Valiente, extraño nombre para una subida colosal. Dejo el coche en el área recreativa el Tomillar, en la carretera de El Escorial a Guadarrama. Aquí mismo comienza la subida a Abantos, por una vertiente que, a mí particularmente, me gusta más que la subida desde el monasterio, ya que desde el primer momento transcurre por zonas boscosas, y se evita de ese modo callejear por San Lorenzo del Escorial. De cualquier modo, a partir del km 4 o 5 se unen las dos subidas. A partir de ese punto, comienza la parte más dura de la ascensión, sobre todo una vez pasado el arboreto Luis Ceballos. Más o menos 1 km después del arboreto, comienza un tramo durísimo de 1,5 km, con porcentajes superiores al 15%, hasta remontar el collado y asomarnos a la vertiente abulense de la sierra. Desde aquí hasta el alto quedan 2 km de pendiente llevadera. Inicio el descenso por una carretera en perfecto estado, asfaltada con motivo o por lo menos coincidiendo con la última Vuelta a España. En algunos tramos de bajada el cuenta supera los 60 km/h. Llego rápidamente al cruce donde tomo el desvío de la izquierda para encaminarme al cámping de Peguerinos. Desde aquí comienzo de nuevo a subir, primero de forma suave. A la altura del cámping supero una cancela para continuar por la pista que lleva al embalse de Peguerinos, que se encuentra a rebosar tras las últimas lluvias. En la cola del mismo, encuentro un cruce en el que me desvío hacia la derecha para, tras unos kilómetros de cómoda subida, llegar al alto de la Gargantilla. De aquí salen varios caminos. El de enfrente me llevaría a San Rafael. Yo tomo el de la derecha, para iniciar los 3 últimos y durísimos kilómetros hasta conseguir el objetivo. En este último tramo tengo que echar pie a tierra en un par de ocasiones, no solo por la gran pendiente, sino sobre todo porque la pista es toda de piedra suelta y se pierde totalmente la tracción. Seguro que habrá craks que consiguen subirlo montados, pero no es mi caso. Sin más novedad llego al pico de Cueva Valiente, donde me recibe un precioso huski que estaba dormitando en la puerta del refugio. Como siempre, disfruto de las increíbles vistas y descanso un rato mientras doy buena cuenta de las barritas de rigor. Estoy a una altura de 1.903 mts, pero la temperatura es muy agradable. Que nadie se moleste en buscar una cueva en las inmediaciones del pico porque no la hay. El origen de tan extraño nombre es desconocido. Comienzo el descenso y al poco, en una amplia curva a derechas del camino de subida, tomo un senderillo que sale enfrente y me llevará hasta el collado Hornillo. Este sendero es una verdadera trialera, lo cual no me hace ninguna gracia, pero es el único camino que conozco para poder completar la ruta que me he propuesto. Afortunadamente, no es muy largo. Además está muy deteriorado por el continuo paso de motos. Veo que alguien, en un arrebato de lucidez, ha intercalado troncos en el camino para impedir su paso. Con ello, lo único que conseguirá es lo que ya resulta evidente, que las motos se desvían del camino y pasan campo a través, con lo cual, lejos de mitigar el deterioro, lo agravan. Acojo con alivio la llegada al collado y a la carretera. Tomo la dirección de la izquierda para llegar al collado de la Mina. Es curiosa la historia de este collado. Anteriormente, se llamaba collado del Ciervo, pero en la época de la II Guerra Mundial, se explotaba en sus inmediaciones una mina de wolframio, mineral de gran valor estratégico, ya que servía para blindar la punta de los proyectiles anti-tanque. Por lo visto, la explotación se realizaba tanto a cielo abierto como en mina de galería, que según parece se encuentra unos 100 mts por debajo de la carretera. Habrá que investigar en otro momento y tratar de visitarla. De ahí que, en la actualidad, se haya impuesto el topónimo de collado de la Mina. Una vez alcanzado el collado y ya en territorio madrileño, desaparece el asfalto de la pista. Inicio el descenso y un poco antes de llegar al alto del León, me desvío a la derecha para tomar una nueva pista que me dejará en el embalse de la Jarosa. Desde aquí, ya por carretera, llego a Guadarrama, donde cojo la M600 para dirigirme al punto de inicio de la ruta, en el Tomillar. Este tramo entre Guadarrama y El Escorial es bastante problemático por el intenso tráfico, pero no conozco ninguna alternativa por caminos o pistas.
Al final, me han salido 51 km de una ruta muy exigente pero divertida, variada y con unos paisajes espectaculares.

viernes, 2 de mayo de 2008

2-5-08. Anillo ciclista de Madrid

El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.
Enrique Jardiel Poncela

Hacía tiempo que tenía curiosidad por conocer el anillo verde ciclista de Madrid. En principio, un carril bici de 63 km que circunvale la ciudad parece un reto interesante. Además he pensado, con el ojo clínico que me caracteriza, que al ser día festivo en mitad de un puente tan largo, no habría mucha gente. En esto, también me he equivocado. Ya lo decía el torero, hay gente pa tó. Y vaya si la hay, a la vuelta a casa me he tenido que tragar el habitual atasco de la A6.
He dejado el coche en la zona de Puerta de Hierro, y he iniciado la ruta en dirección a la Casa de Campo, es decir, en sentido contrario a las agujas del reloj. Al poco de comenzar me he encontrado con un tramo en obras. Enseguida, se toma el puente que atraviesa la A6 y se inicia una parte interesante y por una pista ancha, sin ninguna dificultad ni peligro para el pedaleo. Esto dura hasta salir de la Casa de Campo. Quizá el único punto conflictivo es cuando se pasa por la misma puerta de entrada del zoológico. He visto también los preparativos de la prueba de la Copa del Mundo de MTB que se celebra el domingo.
Al salir de la CDC y entrar en el barrio de Latina, comienza propiamente el anillo por terreno urbano. Aquí comienzan las dificultades. Hay que extremar la precaución en los cruces de calzada, casi siempre semáforos mediante. En otros casos, por pasos de cebra que no siempre son respetados por los vehículos. Además de ello, los peatones aprovechan el carril bici para pasear, aunque no haya una parte del mismo específica para ello. Se continúa así por los barrios de Carabanchel y Usera. El siguiente tramo despejado de vehículos es el parque lineal del Manzanares. A la salida del mismo, está el que para mí es el punto negro del anillo: un paso por un túnel bajo las vías del tren, por una acera de medio metro de ancha. Si te cruzas con otro ciclista o peatón, tienes que bajarte obligatoriamente a la calzada. Creo que este punto se puede calificar de inadmisible. A partir de aquí, entramos en el parque de Entrevías y la zona de Vallecas, sin ninguna dificultad salvo algún cruce de carreteras. El siguiente barrio que atravesamos es Moratalaz, con las subidas más prolongadas de toda la ruta (por lo menos haciéndola en este sentido), hasta llegar a la intersección con la carretera de Valencia. Al ser el carril bastante ancho, se puede mantener un buen ritmo de subida. El tramo desde la A3 hasta la zona del estadio de la Peineta está bastante bien en cuanto al carril, pero son innumerables los cruces. En la zona del estadio, me encuentro con un desvío provisional de varios kilómetros. Al parecer, debido a las obras del metro que se ejecutan por los aledaños. La alternativa está resuelta en parte por paseos y en parte callejeando, con el peligro que ello conlleva. Al poco de retomar el carril bici, llego a la zona del parque Juan Carlos I y me despisto. No sé por qué he pensado que el anillo iría por su interior y por ahí he ido. Aunque rápidamente me he percatado del error, he aprovechado para recorrer el parque, que no lo conocía, y me he reincorporado al carril un poco más adelante. A partir de aquí se inicia un tramo un poco delirante. Primero, por la gran cantidad de cruces. Después, cuando se llega a Sanchinarro y Las Tablas, se va alternando el carril por los laterales de las avenidas con el centro de las mismas, todo ello acompañado por cruces y más cruces de semáforos. En Fuencarral se entra pasando por debajo de las vías por un túnel amplio y bien iluminado. Tras cruzar la carretera y un pequeño tramo por la misma acera, se retoma la pista para llegar hasta Montecarmelo. Aquí también son numerosos los cruces en un pequeño trayecto. Al salir de este barrio, comienzo el descenso hasta la zona de Puerta de Hierro, punto de inicio de la ruta. De nuevo, me encuentro con los incomprensibles cambios de carril de los laterales al centro de las avenidas. Y por supuesto, con sus correspondientes cruces.
A mí me ha dejado un sabor agridulce. Como idea, como concepto, el anillo es perfecto. Sin embargo, en su ejecución se han cometido a mi entender errores de bulto. Es comprensible que la orografía urbana presenta dificultades difíciles de solventar. Pero, en lo nuevos barrios (Sanchinarro, Montecarmelo, etc...) resulta difícil de entender que no se tuviera en cuenta el diseño del carril bici, cuando habría sido relativamente sencillo integrarlo en su proyecto de urbanización. La sensación que da en muchos tramos es que se ha integrado con calzador. También es cierto que no se debe considerar la utilidad del anillo en niveles deportivos, sino más bien como una posibilidad de unir diferentes barrios de la ciudad mediante un medio de transporte como la bici. En este sentido, no tiene nada que ver con el carril bici de Colmenar Viejo, que sí que es un medio adecuado para dedicarlo a entrenamientos. En cuanto a la señalización, en general es más fiable la horizontal que la vertical. Hay puntos en los que es fácil despistarse, pero enseguida se rectifica. Y por supuesto, quiero insistir en el punto negro del túnel con una acera de medio metro de ancha.
Supongo que con el tiempo, se irán arreglando los tramos que se puedan. Habrá que tener paciencia. Por mi parte, creo que seguiré por un tiempo con mis rutas por la sierra.

lunes, 21 de abril de 2008

20-4-08. Marcha Colmenar Viejo 2.008

El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo. André Gide

Por fin ha llegado el día tan esperado de la marcha de Colmenar Viejo. Es la primera vez que vamos a participar en ella y la primera vez también que realizamos una marcha de tantos kilómetros. Todas las buenas referencias que tenemos sobre la organización se van a quedar cortas, dadas las incidencias surgidas. Sin adelantar acontecimientos, nos presentamos en la línea de salida con la anticipación que nos caracteriza, por lo que aparcamos sin ningún problema y muy cerca de la carpa donde entregan los dorsales. Recogemos éstos junto con la bolsa de regalos, con el esperado maillot. A ver si llega el buen tiempo y lo podemos lucir. Como es muy pronto, nos metemos en el coche y empieza a diluviar. Mala señal. Sin embargo, alguien de la organización, en una muestra más de su eficiencia, ha debido hablar con el responsable del tiempo porque comienza a clarear y la lluvia nos da una tregua que en nuestro caso se prolongará hasta el término de la ruta. Después de calentar ligeramente, y con poco retraso para lo que se acostumbra en estos eventos, se da la salida. No se forman embotellamientos, y los primeros metros, por carretera y en pendiente, sirven para poner a cada uno en su lugar. Enseguida abandonamos el asfalto y tomamos una pista que va alternando todos los estados posibles: cuesta arriba, cuesta abajo, cuesta arriba con torrentera, vadeos de charcos piscineros, pequeños tramos de trialeras, descensos vertiginosos... En todos los casos, por paisajes dignos de ser contemplados con más sosiego. A todo ello, por una ruta perfectamente señalizada y con muchos miembros de la organización que nos marcaban ¡hasta las curvas peligrosas!. Poco antes del primer avituallamiento, atravesamos una carretera, creo que la de San Agustín de Guadalix, y está cortada al tráfico por miembros de la Guardia Civil y de la organización (¡se siente uno muy importante!). Paramos brevemente en el avituallamiento, para reponer bebida y picar algo de lo que nos ofrecen en bandejas (¡increíble!). Continuamos por una pista de asfalto en continuo sube y baja hasta que alcanzamos el carril bici. Aquí sopla un molesto viento, pero vamos progresando hasta coger el desvío de bajada hacia el arroyo Tejeda. Comenzamos los vadeos, por un río más apropiado para practicar rafting. Cuando cruzamos por última vez el arroyo, donde estaban situados dos miembros del club ciclista Colmenar Viejo grabando y tomando fotos, oímos un estampido y solo nos queda comprobar el desaguisado: mi hermano ha reventado la cubierta trasera. En un principio, intentamos hacer un apaño con un trozo de cámara, pero el agujero es tal que no tiene solución. ¡Con lo bien que íbamos!. Al poco rato, aparece un todoterreno de protección civil, les comentamos la incidencia y llaman por tfno. al equipo de rescate. Nos quedamos esperando junto a los miembros de la organización, que siguen con sus cámaras inmortalizando a todos los participantes. Pasados unos minutos, vuelven los de protección civil y nos comunican que la furgoneta no puede llegar hasta donde nos encontramos, por lo que debemos acercarnos andando hasta el 2º avituallamiento. Iniciamos el paseíllo, pero antes del primer km, aparece un ángel de la guarda en forma de quad de la organización. Ni corto ni perezoso, echa encima la bici y de copiloto a mi hermano y le lleva hasta el avituallamiento, mientras que yo me acerco en la bici. Allí, el mecánico casi se disculpa porque no dispone de cubiertas. Hombre, si las hubiera tenido, lo siguiente habría sido que nos sustituyera un rato dando pedales. El tiempo que pasamos esperando a la furgoneta, lo aprovechamos para admirar la labor de los voluntarios. Unos se encargaban de las bebidas, otro con un spray en la mano para engrasar las bicis, el mecánico, el encargado del caldito, del que dimos buena cuenta, un chaval iba entregando las barritas energéticas a los ciclistas antes de que se bajaran de la bici... Un verdadero lujo. A todo esto, la furgoneta de rescate, de "Juanito el carpintero", había intentado llegar hasta donde estábamos, lo que casi le cuesta quedar atrapada en el barro. Cuando al fin llega, nos lleva hasta la línea de meta junto con otro ciclista que se retira exhausto en este punto. Entre unas cosas y otras, han pasado casi dos horas desde el reventón, por lo que enseguida empezamos a ver en la llegada bikers con los que habíamos compartido parte de la ruta. Calculamos por ello que nuestro tiempo podría haber estado entre 4 h y 4 h 15'.
A toro pasado, ésta es sin duda la mejor marcha en la que hemos participado. Duele más por ello no haber podido completarla. Eso sí, la participación el próximo año está asegurada.
Solo queda reiterar el agradecimiento por habernos sacado del apuro, especialmente al crack que llevaba el quad (no nos quedamos con su nombre) y a Juanito el carpintero, que llevaba la furgoneta.
Por cierto, abusando de la generosidad del club ciclista Colmenar Viejo, he tomado prestadas de su web las fotos que aparecen en esta crónica.

Muchas gracias por todo.



lunes, 14 de abril de 2008

13-4-08. La Hoya de San Blas desde Collado Mediano



No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.

René Descartes


El próximo domingo corremos en la marcha de Colmenar Viejo, una más en el calendario de marchas de la Comunidad de Madrid. Teniendo en cuenta que son 70 km y el respeto que ello nos supone, hemos preparado para hoy un entrenamiento de fondo. Enlazando trozos de varias rutas, conseguimos sumar 81 km, salvados, todo hay que decirlo, con más suficiencia de la que nuestro estado de forma podría anticipar. Empezamos en Collado Mediano, y nos dirigimos hacia Alpedrete por el camino del yacimiento romano. En el paraje conocido como El Beneficio, durante dos milenios han permanecido ocultos los restos de una posada romana, en los que, tras las excavaciones pertinentes llevadas a cabo, se pueden distinguir un área termal (baños), una cocina, un comedor amplio y unas salas de dormitorio. Una vez en Alpedrete, tomamos rumbo a Villalba pueblo por el tanatorio y el cementerio, para enlazar con el camino paralelo a la carretera a Moralzarzal. A la altura de la gasolinera, cruzamos ésta y bordeando el pueblo, llegamos al camping. Desde aquí se inicia una dura subida al depósito de agua, terminada la cual, llegamos a un mirador que nos obsequia con unas vistas impresionantes de la sierra. Buen lugar para hacerse una casita. Tras un rápido descenso, giramos a la derecha y nos encaminamos hacia la carretera M-607, entre Cerceda y Colmenar Viejo. La atravesamos por debajo e iniciamos una subida que nos acercará hasta el camino de Santiago versión Madrid. En el cruce, giramos a la izquierda y rápidamente empezamos a bajar hasta llegar a la cola del embalse de Santillana. Sorprendentemente, está bastante lleno. No parece que esta semana haya llovido tanto como para llenarlo. Atravesamos Manzanares el Real y seguimos por carretera dirección Soto del Real. En un principio, tomamos el camino paralelo entre la carretera y el embalse, pero llega un momento en que los charcos son verdaderas lagunas imposibles de vadear con una humilde bici. A unos 3 km, abandonamos la carretera y tomamos la pista a la izquierda que nos lleva hasta la Hoya, casi siempre en ascenso. Al poco, nos encontramos con el vadeo del Arroyo del Mediano, que baja muy crecido y sobre todo, con mucha fuerza. Vemos a varios bikers que se están descalzando para atravesar el río sin mojarse zapatillas y calcetines. Yo, sin pensarlo mucho, me bajo de la bici y lo atravieso con el agua helada casi por las rodillas. Pero mi hermano, como si fuera del mismo Bilbao, lo atraviesa montado en la bici, con dos c.... Im-prezionante. Continuamos la ruta, bordeando el embalse de los Palancares. Seguimos ascendiendo, hacia la ermita de San Blas. Pasada ésta, giramos a la izquierda hasta llegar al cruce del camino de la Fuente del Cura, donde llegaríamos si giramos a la derecha. En este cruce paramos a tomar la barrita de rigor. Llevamos ya 44 km. Nos deleitamos también con las impresionantes vistas. Bueno, estropeadas un poco por el Centro Penitenciario de Soto del Real y el trazado del AVE a Valladolid, dos hitos de la arquitectura e ingeniería patrias, a los que no les vendrían mal unos arbolitos para disimular el hormigón. Tras el descanso, giramos a la izquierda para afrontar los últimos km de subida hasta la Hoya de San Blas. Una vez pasada la portilla, iniciamos el descenso y retomamos el camino de subida a la altura del embalse. De nuevo, llegamos al arroyo. Esta vez, ninguno de los dos nos lo pensamos y lo vadeamos montados ante el estupor de unos jóvenes que estaban al otro lado. Todavía deben estar pensando quienes eran esos locos. Rápidamente completamos el descenso hasta llegar a la carretera. Giramos a la derecha, llegamos a Manzanares y paramos en la gasolinera para el momento Aquarius. Después, seguimos por la carretera hasta llegar al camino de la Peña de la Gallina, donde giramos a la derecha. Inmediatamente volvemos a encontrarnos con el GR-10, que tomamos hacia la izquierda para dirigirnos a Matalpino. Callejeamos por la urbanización La Ponderosa primero, y el Berrocal después, para de nuevo, llegar a la M-607. Una vez cruzada, comienza una pista que nos lleva a Becerril de la Sierra. Desde este pueblo nos encaminamos al punto de inicio por carretera. Comienza a llover ligeramente y además nos pesa el kilometraje. El final de la ruta lo acogemos con alivio, pero también con satisfacción pues hemos acabado bastante bien. El próximo domingo será otra historia, pero por lo menos tenemos la tranquilidad de encontrarnos con fondo suficiente.

domingo, 24 de febrero de 2008

24-2-08. Rally de los embalses. Galapagar

Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma que en mí.
Ambrose Bierce

Un año más, hemos tenido la oportunidad de participar en esta marcha o carrera, según el objetivo y las ganas de cada cual. Al igual que nos pasó hace tres semanas en Valdemorillo, el día se presentaba amenazante, con ligero sirimiri, aunque quizá sin tanto frío. Antes de nada, hay que agradecer a la Peña Ciclista Rompepiernas el esfuerzo realizado, con muchísimos voluntarios poniendo su granito de arena para intentar que todo saliera a la perfección. Digo esto porque en la crónica van a salir a relucir algunos problemillas vividos y no quisiera que se interpretaran como una queja. Simplemente, los menciono como anécdotas surgidas en un acontecimiento de esta magnitud, que por supuesto deberían ser solventados si puede ser en posteriores ediciones, pero que en nada empañan el esfuerzo realizado. Es verdad también que parte de los problemas los ocasionamos los propios corredores, con actitudes a todas luces incívicas .
Iniciamos la jornada con la recogida de dorsales. Aunque nosotros madrugamos y no tuvimos problemas, enseguida se formaron colas que incluso obligaron a una demora en la salida. Es éste un problema al parecer crónico de esta marcha. Recuerdo que el año pasado también hubo quejas al respecto. Después de calentar un poquito, seguimos las instrucciones del locutor y nos colocamos para la salida dentro del recinto vallado y habilitado para tal fin. Aquí se produce el primer acto incívico por parte de numerosos bikers, que se colocan por delante de las vallas, despreciando de esa manera a los que sí que estamos actuando correctamente. No es que nosotros tengamos intención de disputar la carrera, pero fastidia la
actitud de tanto listillo. A pesar de estar al principio del recinto vallado, en realidad podíamos encontrarnos en el lugar 700 de 1.000 bikers. Esto tiene como consecuencia directa tragarnos todos los tapones que se forman en los primeros senderos. Tras una larga salida neutralizada por las calles del pueblo, se da la salida real . Para cuando nosotros empezamos a pedalear, los primeros debían estar a 1 km de distancia. Hasta llegar a la urbanización Los Jarales, en la carretera de Torrelodones, marchamos bien, pero una vez pasada ésta, tomamos un estrecho sendero y se forma el inevitable tapón hasta que el pelotón se coloca en fila de a uno. Y claro, colocar a cientos de bikers en fila india lleva su tiempo. Llegamos enseguida a La Navata, donde está situado uno de los alicientes de la jornada, la durísima subida de la calle Marcelino Capelo, 800 ml de progresiva pendiente, hasta obligar a colocar el plato pequeño los más, y echar pie a tierra algunos. Nada más coronar, nos encontramos con otro control, creo que el segundo, y se produce una situación surrealista. La señora encargada de sellar, en un exceso de celo, decide que como el rotulador se borra con la lluvia, es más efectivo perforar el dorsal. Y ahí tenemos a la buena mujer con el destornillador de estrella de una multiherramienta dale que te pego al agujerito. La aglomeración que se forma es digna de las mejores épocas de la Unión Soviética, cuando no se podían quejar (o sea, ¿que les iba bien?;¡no, no, que no se podían quejar!). A partir de aquí, venía para mí la parte más agradable del rally. He de reconocer que una pequeña parte de la subida al cementerio la hice por la carretera. Después, a buen ritmo llegamos a la ermita, bajamos a la urbanización e iniciamos el paraíso del MTB, los senderos de los Arroyos. Solamente por este tramo, ya merece la pena la marcha. A su término, donde comienza la carretera, nos encontramos con el primer avituallamiento. Me tomo una barrita de las que llevaba y decido seguir sin parar, todo sea por mejorar mi posición. Iniciamos la subida a la ermita de Colmenarejo y a su término giramos a la derecha, en dirección a la carretera de Valdemorillo. En el descenso que había hasta la carretera, en el último cruce antes de la misma, se produce el despiste de la jornada. Íbamos una grupeta de unos 20 y en ese cruce, en el que no había nadie, en vez de girar a la derecha tiramos de frente. Cuando llegamos a la carretera pero en otro punto nos damos cuenta del error y volvemos para atrás. Cuando de nuevo llegamos al cruce de marras, estaba ya el paisano indicando la dirección correcta. Se conoce que se había ausentado por alguna urgencia fisiológica. Cuando uno de la grupeta le recrimina el despiste generado, el hombre se mosquea ligeramente (vamos, se acuerda de nuestra familia). A partir de aqui, una vez atravesada la carretera de Valdemorillo, zona de senderos bastante técnicos alternando con pistas hasta llegar al gran descenso del día. Muy divertido, lo afronto con ganas y en compañía de más bikers. Se llega así a la pista del Canal, al final de la cual está situado el segundo avituallamiento. Poco antes había dado buena cuenta de la segunda barrita energética que llevaba, por lo que tampoco paro. Al hacer la curva de herradura, descubro con alegría al otro lado a mi hermano, al que no había vuelto a ver desde la salida. Y no nos habíamos visto aunque nos separaban escasos 200 mts. En este punto empiezo a notar que las patas han perdido alegría. Precisamente ahora, cuando se inicia el ascenso más duro. Un poco más adelante, una vez abandonado el asfalto y ya en pista en buen estado, sellamos en el último control y comenzamos el tramo más empinado. Mis peores augurios se cumplen: he pillado......¡el pajarón de España!. No es necesario dar muchos detalles de mi estado. No subo de pulsaciones sencillamente porque no puedo dar pedales. En las zonas más duras, debo echar pie a tierra. La subida hasta la pista ancha se convierte en un suplicio, pero una vez llegado a esta última, sigo con mi agonía. ¡Con decir que las cuestecillas de los Ranchos las subo con el plato pequeño!. Calculo que en unos 5 km me adelantarían entre 80 y 100 ciclistas. Cuando llego a la zona asfaltada, ya en Galapagar, me empiezo a encontrar mejor y puedo acelerar un poco. Eso sí, sin muchas alegrías. Cuando iba tan mal, miraba todo el rato para atrás pensando que mi hermano me adelantaría en cualquier momento. No imaginaba que, en solidaridad conmigo, también había pillado una pájara. ¡ Qué detalle!. Pero bueno, todo llega a su fin y consigo entrar en meta con un tiempo de 3h 19', en la posicion 403. Con la cara descompuesta y 5 minutos más tarde, entra mi hermano en el puesto 419. El cuenta marca 56 km. No sé cuanto se habrá añadido en el tramo del despiste. Dado nuestro lastimoso estado, nos dirigimos a pillar algo de comer, pero al ver la cola (una más en el dia) desistimos y nos vamos a mi casa.
Veo en las clasificaciones que solo han terminado o han entrado en tiempo 473 ciclistas. Si han entrado más pero no se les han tomado los tiempos, me parece un poco injusto. El esfuerzo de terminar una ruta tan exigente creo que se merece la honrilla de aparecer en las clasificaciones.
A modo de conclusión, y ahora que han pasado 24 horas, solo pienso en la edición del próximo año y en prepararme mejor para ir avanzando en tiempos y clasificaciones. A pesar de los pesares, creo que es una marcha que merece la pena. Los que vivimos en la zona y conocemos perfectamente el terreno sabemos de las muchas posibilidades que tenemos para disfrutar del MTB. Que además lo podamos hacer una vez al año en compañia de tantos ciclistas, con el ambiente que se crea, es un suplemento añadido.
En los días previos a la marcha, me han servido de gran ayuda los consejos y datos que proporcionaba en http://www.foromtb.com/ un tal "Alcon". Por lo visto era el encargado de diseñar el circuito. Acabo de leer que se retira de la organización. Aunque no tengo el honor de conocerle personalmente, creo que es de justicia felicitarle por el trabajo realizado en el diseño de la ruta.

domingo, 3 de febrero de 2008

3-2-08. Marcha de Valdemorillo

Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.

Francisco de Quevedo

Es un buen día hoy para utilizar adjetivos grandilocuentes: dantesco, épico.....¿Y como era eso de luchar contra los elementos?.


Esta mañana, el día se presentaba difícil, pero nuestro natural optimismo quizá nos ha impedido ver con claridad la que se nos venía encima. En el trayecto a Valdemorillo, el elemento más significativo era la niebla. Nos consolábamos comentando que no parecía hacer mucho frío. Ya en el pueblo, tenemos la suerte de aparcar cerca de la salida (ventajas de madrugar, otra de las manías familiares) y nos dirigimos hacia el polideportivo, a recoger el dorsal y la bolsa con los regalitos típicos de estas marchas. No se puede decir que se hayan estirado mucho. Una braga de B-Pro, una revista, una barrita energética y un folleto de Shimano. Como para tirar cohetes. Bajo un ligero sirimiri, nada molesto, nos colocamos en la línea de salida. Con el volumen a toda pastilla, el speaker nos deleita comentándonos los pormenores de la marcha y presentando al equipo olímpico español de MTB, participantes de lujo. En repetidas ocasiones, hace referencia a la dureza de la parte final para los que opten por la ruta larga, la de 50 km. En ese momento, nos parece un pesado. ¡Qué razón tenía el santo varón!. Con menos retraso de lo habitual, comienza la ruta. El inicio es similar al del año pasado. Después de atravesar el pueblo, afrontamos enseguida una dura subida en la cual, debido al atasco que se forma, debemos echar pie a tierra en algún tramo. Al poco, comienza a llover con ganas, una lluvia que ya no nos abandonaría. Con ligeros cambios con respecto al año pasado, nos encaminamos al primer avituallamiento, situado en el cruce con la carretera del Escorial, a la altura de la urbanización Valmayor. Habíamos quedado en saltarnos esta parada y continuar hasta la siguiente. Por pistas en buen estado, seguimos hacia Valdemorillo, bordeando la urbanización Paraíso. Ya de nuevo en el pueblo, subimos por la urbanización Pino Alto y nos dirigimos hacia el embalse. Nos sorprende ver a bastante gente dándose la vuelta, sin ni siquiera tomar la opción de hacer la ruta corta. Un poco más adelante nos encontramos con el cruce donde debemos decidir qué ruta tomar. Ni lo pensamos. La bajada hasta el embalse se convierte en un suplicio por la falta de visibilidad. Hace ya muchos kms que hemos prescindido de las gafas, totalmente opacas por el barro y ahora, tenemos que poner expresión oriental para intentar mantener limpia la mirada, en sentido estricto. Inmediatamente después, se inicia una subida de las de pie a tierra en el primer tramo y fuertes pendientes a continuación. Menos mal que al final de la misma estaba el segundo avituallamiento, donde sí que paramos. Aquí nos encontramos con la desagradable sorpresa de un pinchazo en la bici de mi hermano. Para darle más sentido al día, era inevitable que no nos funcionaran las bombas a ninguno de los dos. Menos mal que siempre hay un compañero solidario como el que nos prestó la suya (¡gracias!). Pero no éramos conscientes de que lo más duro estaba por llegar. Después de un largo y prudente descenso, vadeamos un río con el agua por las rodillas. A partir de aquí, iniciamos el calvario de la jornada. En principio, podemos mantenernos pedaleando, pero la gran cantidad de barro que se acumula en la bici hace que tengamos que bajarnos. Comenzamos un duro tramo de empujabike, con momentos en los que las ruedas se quedan prácticamente bloqueadas. Además, comienzo a sentir calambres en los cuádriceps de la pierna derecha. Menos mal que solo me molestaban al caminar. Cuando mejora un poco el terreno y podemos pedalear de nuevo, los cambios funcionan pésimamente, con saltos de la cadena en cualquier desarrollo. También fallan los frenos, aunque en nuestro caso, al ser de disco se comportan algo mejor. Una vez remontada la pendiente, un miembro de la organización situado en un cruce nos informa que solo quedan 5 o 6 km. Este tramo ya lo conocemos del año pasado. En el punto en que estaba situado entonces el 2º avituallamiento, se gira esta vez a la derecha. Por una suave pendiente, la última de la jornada, llegamos a la línea de meta. Otra de las averías es que se nos ha estropeado a los dos el cuentakilómetros, por lo que desconocemos tanto el tiempo como la distancia. En cuanto a la distancia, por lo que he leído en los foros, anda alrededor de los 47 km. Nuestro tiempo, más o menos 3 h 45 min. Dadas las circunstancias y el tiempo perdido con el pinchazo, creo que es para sentirnos satisfechos. Después de llegar nosotros, siguieron entrando bikers. Mientras nos quitaban los dorsales, dos que estaban a nuestro lado y que entraron con nosotros comentaban que habían hecho la ruta corta. Unos y otros nos ganamos una buena siesta (y una buena ducha). Para rematar la faena, nos acercamos a la gasolinera a limpiar un poco las bicis. Y ya por fin, nos montamos en el coche y de vuelta para casa, a intentar entrar en calor. Creo que recordaremos esta marcha por mucho tiempo.










lunes, 28 de enero de 2008

27-1-08. La Fuenfría, Alto del León

Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años
Mark Twain

Cercedilla se puede considerar como el centro madrileño del mtb. Desde esta localidad, una de las más bonitas de la sierra de Guadarrama, parten innumerables rutas, de todas las dificultades que uno pueda imaginar. En esta ocasión, he elegido una de las clásicas. Dejo el coche en el aparcamiento de la estación. Como siempre, me encuentro a numerosos bikers que se prestan a iniciar sus rutas. Salgo y me desvío a la derecha, en dirección al Puerto de la Fuenfría. En un principio la carretera está perfectamente asfaltada, hasta llegar a la zona recreativa de las Berceas. Hasta ahora, hemos coincidido con el camino de Santiago. A partir de aquí, el camino continúa por la calzada romana, que no es ciclable, por lo que nos desviamos por la izquierda, aunque más arriba volveremos a encontrarnos con la calzada. Desaparece el asfalto, pero la pista que tomamos es perfectamente ciclable. Este tramo es bastante pestoso, pero a partir del punto en que nos volvemos a cruzar con la calzada, comienza un tramo en suave ascenso, por medio del bosque, que nos lleva hasta una cerrada curva a izquierdas que nos permite cambiar de vertiente. Estamos ahora en el lado sur y lo primero que vemos es el mirador de Vicente Aleixandre, que nos invita a descansar un momento y disfrutar de las magníficas vistas. Llevamos ya 9 km de ruta y nos quedan todavía casi otros 4 km hasta llegar al alto de la Fuenfría. Esta pista por la que transitamos es la llamada carretera de la República, un intento de unir Madrid con Segovia por este valle, anterior al definitivo de Navacerrada y que se abandonó al llegar la Guerra Civil. Poco antes del alto, se pasa por el Mirador de la Reina, también llamado en algunos mapas Mirador de la Calva. Desconozco si los dos nombres están relacionados. Es curioso que en la carretera de la República esté situado el mirador de la Reina. ¡Viva la tolerancia!. Por cierto, el nombre de esta carretera debe ser uno de los pocos topónimos existentes en España que hagan referencia a esa época.
Una vez llegados al alto, nos encontramos con una encrucijada de caminos. Si seguimos de frente, coincidiendo con el camino de Santiago, llegaríamos a Segovia. A la derecha, por el camino Schmidt, nos acercaríamos al puerto de Navacerrada, aunque este camino es más bien para senderistas. Si se va en bici hay que echar pie a tierra con frecuencia. Elijo en esta ocasión la pista de la izquierda, que nos lleva al Collado de Marichiva. En este punto, se atraviesa la portilla a la derecha que nos introduce en el Valle del Río Moros. En un corto y rápido descenso por una pista en muy mal estado llegamos a otra, que cogemos por la izquierda. Casi siempre en descenso, vamos atravesando todo el valle por medio de un frondoso bosque, hasta que llegamos a una cerrada curva a de
rechas. Aquí tenemos que abandonar la pista, atravesar la cancela por un estrecho paso y continuar por la señalizada "senda del Arcipreste". Esta pista, sin tomar ningún otro desvío, nos llevará hasta la carretera del alto del León, en su vertiente segoviana, aproximadamente a 1,5 km del alto. Una vez en el mismo, un breve descanso e iniciamos el descenso por la carretera hasta que, a 1 km nos desviamos a la izquierda para tomar el camino de la Molinera, que nos llevará hasta Cercedilla. Entramos en el pueblo una vez pasado un paso a nivel sin barreras en el que hay que extremar las precauciones. Después, callejeando, llegamos a la carretera de Guadarrama que tomaremos para alcanzar la estación de ferrocarril donde habíamos dejado el coche. Una preciosa y completa ruta de 43 km, que sirve como aperitivo para la marcha de Valdemorillo del próximo domingo. A petar se ha dicho.

lunes, 7 de enero de 2008

7-1-08. La Pedriza

Dios no ha muerto. Está vivo, saludable y trabajando en un proyecto mucho menos ambicioso.


Pintada en Londres


Una de las zonas de montaña más singulares que podemos disfrutar quienes residimos en la Comunidad de Madrid es La Pedriza. Está situada en la vertiente sur de la sierra de Guadarrama y tiene un gran valor geológico, paisajístico y deportivo. Es el mayor conjunto granítico de Europa y sus innumerables riscos y paredes rocosas guardan cerca de mil vías de escalada. Con una superficie aproximada de 3200 has., pertenece al Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Además de por sus valores paisajísticos, La Pedriza es también conocida por sus historias y leyendas. Así, desde mediados del siglo XIX La Pedriza fue utilizada como refugio de bandoleros aprovechando su difícil acceso y su escabroso paisaje. Algunos de estos bandoleros gozarían de fama por sus fechorías como la banda de "Paco el Sastre" o "Pablo Santos". De la misma manera, docenas de personas se han escondido entre los riscos y valles durante la Guerra Civil y el franquismo. En cuanto a leyendas, sobresale la de el Cancho de los Muertos . El nombre de esta leyenda proviene de una formación rocosa de La Pedriza cuya forma es muy peculiar. La leyenda cuenta que una banda de salteadores secuestró a una joven señorita de rica y apoderada familia de Madrid. El jefe de este "grupejo" se ausenta temporalmente y los otros dos bandidos deciden aprovecharse de la joven, pero regresa inesperadamente y les sorprende, tras lo cual les juzga rápidamente y despeña al primero por este cancho, mas al intentar precipitar al segundo éste sujeta la pierna del cabecilla por lo que los dos caen al vacío, así acaban los tres despeñados a los pies del cancho rocoso. Según la gente del lugar durante un tiempo se pudieron ver los cadáveres de los tres bandidos en una grieta de este lugar. Como no podía ser menos, son numerosos los amantes del mountain bike que frecuentan esta zona. Es importante señalar que está terminantemente prohibido transitar en bici fuera de las pistas principales. Aunque es una tentación muy grande para los amantes del freeride efectuar largos descensos por los numerosos senderos existentes, está en nuestra mano evitar que terminen por prohibir el acceso en bici por todo el parque, máxime si, como está en proyecto, termina integrándose en el futuro Parque Nacional de Guadarrama. La ruta típica consiste en subir al Collado de los Pastores desde el aparcamiento de Canto Cochino, para después dirigirse hacia la Buitrera y bajar por el otro lado. Esta ruta circular, sin ninguna pérdida, tiene aproximadamente 30 km. En esta ocasión, con la idea inicial de hacer algunos km más, he dejado el coche en el aparcamiento de entrada al parque, antes de la barrera, aunque ya se sabe que el hombre propone y el camino dispone. Me dirijo por la carretera, ya en ascenso, en dirección al Collado de Quebrantaherraduras y Canto Cochino (¡vaya nombres!). A 1.200 mts., me desvío a la izda. por una pista. Sin dejar en ningún momento la misma, se llega hasta el Collado de los Pastores. Tan solo en el km 8 hay que tener la precaución de continuar por el desvío de la izda. Por la derecha viene la carreterilla desde Canto Cochino. Aproximadamente en el km 10 han empezado a aparecer las primeras placas de hielo. He continuado durante 2 km más, pero he visto que era absurdo intentar seguir, ya que todavía me restaban 3 km hasta la cima y las condiciones eran cada vez más peligrosas. Vamos, que no estoy para hacer locuras. Me doy por tanto la vuelta y regreso al punto de inicio por Canto Cochino, para hacer la ruta en parte circular. Afronto la subida por la otra vertiente al Collado mencionado y en rápido descenso llego al aparcamiento. Al final, una ruta que tiene unos 42 km se ha quedado en 24. Habrá que esperar tiempos mejores para completarla.